 MUNITIBAR. Felipe Albarrán se entrega al verde. / JOSÉ MONTES |
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CUADERNO DE VIAJE
CUADERNO DE VIAJE |
De Barcelona a Quejana
Felipe Albarrán, su mujer, Araceli Escusol, y sus hijos Carles y María, llegaron el Jueves Santo a Quejana, en su coche particular. Se alojaron hasta ayer en el hotel rural de esta pequeña localidad ayalesa.
Motivo
«Llevo un vida muy estresada y Quejana me parece el lugar ideal para descansar. Además, el trato con la gente es muy familiar».
Presupuesto
Unos 600 euros para él y su familia, incluyendo el peaje de la autopista, la gasolina, las comidas, el alojamientos y los gastos de ocio. |
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Acaba de llegar y tan sólo le ha dado tiempo a dejar su equipaje en la habitación. Pero esboza una amable sonrisa, como si estuviese en su casa. Y, en cierto modo, lo es, no en balde, lleva cinco años eligiendo Ayala para disfrutar de sus vacaciones de Semana Santa. «Este es el lugar idóneo para descansar y huir del ajetreo y el ritmo frenético de la gran ciudad», decía, el jueves a mediodía, tras descargar el maletero de su coche.
Felipe Albarrán, promotor urbanístico de Barcelona, y su familia se alojan, como las otras veces, en Los Arcos de Quejana, uno de los veinte establecimientos adheridos a las asociación de Hoteles Rurales de Euskadi. «Descubrimos este pequeño rincón por casualidad. Nos lo recomendó una agencia de viajes en 2002», recuerda. Desde entonces, no ha faltado ni una sola vez a su cita anual con el verde del cantábrico alavés.
Ni siquiera los 650 kilómetros que hay desde su hogar hasta Ayala le han hecho dudar. «Es un viaje cómodo, de unas siete horas con tres paradas. Vale la pena hacerlo», afirma. Por eso, Albarrán, su mujer y sus hijos suelen reservar su habitación en septiembre. «Somos previsores y no queremos correr el más mínimo riesgo de quedarnos sin alojamiento».
«Espíritu de pueblo»
Los catalanes conforman uno de los colectivos de visitantes más numerosos que recorren durante estos días las decenas de rutas y sendas del Valle de Ayala y el alto Nervión; una de las comarcas que ha convertido su «privilegiado» paisaje y «excelente» gastronomía en uno de los pilares de su oferta turística. Así lo reconoce el promotor urbanístico de Barcelona.
«El entorno es precioso. Me encanta pasear por las veredas de sus montes y sentarme tranquilamente a contemplar la naturaleza. Suelo hacerlo junto al conjunto monumental del Canciller de Ayala, un edificio con seis siglos de historia que es una auténtica maravilla», piropea.
Y es que, Felipe Albarrán, que reconoce llevar «una vida muy estresada», tiene claro lo que quiere para un periodo de asueto «tan corto». Busca un lugar donde recuperar «el espíritu de los pueblos de antaño». Y lo ha encontrado en Quejana.
«Mis hijos, Carles y María, nada más bajarse del coche, han ido a ir a ver unos cabritillos que han nacido hace quince días», cuenta. Todo un regalo para unos chavales acostumbrados a las aglomeraciones y el tumulto de la metrópoli. Para ellos, sus vacaciones en Quejana son algo más que unos días sin ir al cole. «Es la única oportunidad que tienen a lo largo del año de conocer la naturaleza tal cual», explica su padre.
«Los niños no podrían disfrutar de este tipo de experiencias si nos alojásemos en Bilbao o Vitoria, o fuésemos a la playa», dice mientras saborea una copa de txakoli en el pequeño salón rústico del establecimiento donde pasará sus cuatro días de merecido descanso.
Precisamente, la posibilidad de «redescubrir sensaciones ya olvidadas» es uno de los atractivos de optar por un núcleos pequeño de población para las vacaciones que más valora. Pero, lo que más atrae al promotor es, por encima de todo, la tranquilidad y el trato humano. «Dista mucho del que te dan en una ciudad o en la típica localidad turística del litoral», opina.
Partida al mus
Por eso mismo, no ha olvidado colar una baraja de naipes en su equipaje. «No hay nada como echar una partida al mus en un pueblo», afirma. Aunque eso no será todo. Tiene la intención de dar más de un bucólico paseo y acercarse un día a Vitoria.
«Quizá vayamos además al nacimiento del Nervión», apunta Albarrán, a sabiendas de que el mirador del monte Santiago es una de las 'joyas de la corona' de la oferta turística de Ayala y Orduña. No en vano, la mayor parte de sus casas de agroturismo han colocado estos días el cartel de 'completo'.
Aunque el promotor catalán empieza a conocer Ayala casi tan bien como su barrio de Barcelona, admite que «no había oído hablar de Aresketamendi», el parque de las energías renovables que abrió sus puertas en Amurrio en verano. Eso sí, en cuanto le dieron cuenta de ello, se apresuró a sacar su agenda para tomar nota. «Puede estar muy bien para los chavales», se despidió agradecido por la sugerencia y con la promesa de regresar a Quejana en 2008.