La espectacular expansión em-prendida en Vitoria con la entrada en el nuevo siglo ha revolucionado el llamado 'sector del ladrillo' y también ha abierto las puertas de par en par a otros negocios vinculados a la vivienda, que han encontrado en la capital alavesa un auténtico filón. A la más que previsible eclosión de los gremios ligados a la construcción -sólo el número de promotoras se ha duplicado en los últimos tiempos-, se ha unido el desembarco en masa de las agencias inmobiliarias -de 86 a finales de 2000 han pasado a rebasar las 150- y de, manera más reciente, el de las sucursales bancarias. Tanto es así que la ciudad asiste a la apertura de al menos una nueva cada mes desde hace dos años.
El círculo se completa. En su día proliferaron las constructoras, los albañiles y los fontaneros que hacen los pisos; luego, los mediadores que los venden, y ahora lo hacen los que hipotecan la vida a los ciudadanos para que pueda pagar esa compra, a plazos y mediante un préstamo.
Y es que las 25.000 nuevas casas que la ciudad está destinada a acoger con la edificación de Salburua y Zabalgana han desatado la batalla por los créditos. Prueba de ello es que nada menos que 36 entidades bancarias se reparten las 259 oficinas que hay ya distribuidas por toda la ciudad. La proporción es sorprendente: toca a una por cada 888 vitorianos.
De todas ellas, una treintena se ha instalado desde 2005. La última ha sido la Caja de Ahorros del Mediterráneo, CAM, que se dispone a abandonar su local provisional en Independencia para ocupar uno mayor ubicado en pleno 'cuadrilátero de oro'. En concreto, en la planta baja del edificio Ertza, -antiguos almacenes Jaun-, en Fueros con San Prudencio.
Comparar intereses
La entidad, cuya sede se encuentra en Alicante, explica que su presencia en la ciudad se enmarca en su plan para implantarse en todas las capitales de provincia de España. Resalta, además, el «gran nivel de renta y de empresas existente en el País Vasco. Y Vitoria es un punto importante dentro de esa comunidad», reconoce.
A la 'exótica' oferta procedente de la Costa Blanca se suman otras con sello gallego, catalán, aragonés, castellano, valenciano, riojano o navarro. Este último de la mano de la CAN, cuyo impetuoso desembarco en la capital vasca se apoya en casi ocho oficinas inauguradas en poco más de doce meses.
El concejal de Urbanismo, Jorge Ibarrondo, atribuye esta proliferación al «movimiento urbanístico sin precedentes que protagoniza Vitoria. Ellos quieren posicionarse porque saben que el tipo de demandante es una pareja con un proyecto de vida en común, que necesita una hipoteca de primera opción, y que va a cumplir».
El edil popular valora el fenómeno como «muy bueno» para los adjudicatarios de viviendas protegidas. «Se ha desatado una gran competencia y los clientes se encuentran con una oferta variada, lo que les permite comparar intereses antes de decidirse por el crédito que más se ajusta a su situación económica», agrega.
Ibarrondo reclama, eso sí, una «mayor implicación» de los bancos y cajas en la ciudad a través de sus fondos sociales. «Confiamos en que además de recaudar participen en proyectos de colaboración con el Ayuntamiento», agregó.
«Es irracional»
En la otra cara de la moneda, el presidente de la Caja Vital -la entidad más afianzada en la capital alavesa con 61 oficinas en funcionamiento- expresa su «preocupación» ante la espectacular ofensiva financiera. A su juicio, es «desenfrenada» e «irracional» y se ha traducido en «agresiones de mercado que no se explican en claves económicas».
Gregorio Rojo sostiene que la Vital no está afectada por ese «virus de ansiedad» y asegura que su política de expansión fuera de Álava se rige por criterios de proximidad, rentabilidad y de búsqueda de una atención más directa y personalizada a los clientes. Su plan estratégico 2005-2008 fija la apertura de dos sucursales cada ejercicio. A lo largo del último año, puso en marcha una en Torrejón de Ardoz y otra en Haro. En los cuatro primeros meses de 2007 se ha instalado en Leganés -su décimo local en la comunidad de Madrid- y en Zaragoza.