«En Dinamarca, el mejor amigo de los empresarios son los sindicatos». La frase es de Poul Müller, ex dirigente de la patronal y presidente del comité de relaciones internacionales de la región danesa de Middle Jutland, a la que esta semana ha viajado una delegación vizcaína para estudiar su mercado de trabajo, y da una idea aproximada del clima en el que se desenvuelven las relaciones laborales en uno los países socialmente más avanzados del mundo.
Dinamarca ha desarrollado en las últimas décadas el sistema denominado 'flexisecurity', que la Unión Europea propuso como modelo a copiar para todos sus miembros en la cumbre de Lisboa del año 2000. Esta fórmula se basa, a grandes rasgos, en un despido libre, un seguro de desempleo que puede alcanzar los cuatro años, una intensiva política de formación tanto de los parados como de los ocupados y un fructífero diálogo social. El resultado final es un mercado laboral dinámico, donde cada año cambia de puesto de trabajo uno de cada cuatro ciudadanos. Y todo ello, con unas relaciones laborales basadas en el diálogo social y en el consenso, en las que conseguir acuerdos «es lo natural», según palabras de Julio Artetxe, diputado de Empleo y Formación de Vizcaya, que presidió la delegación foral.
Si el objetivo de las instituciones vascas es acercarse al modelo laboral danés de máxima seguridad y flexibilidad laborales, el camino por recorrer es muy largo. Los contrastes entre ambos mercados de trabajo son tan elevados que no cabe pensar en una aproximación sustancial ni siquiera a medio plazo, según la impresión más extendida.
Cada dos años
Uno de los hechos que más llaman la atención en las relaciones laborales del país nórdico es la conflictividad laboral, que está circunscrita a periodos bianuales, cuando se renuevan los convenios colectivos. Fuera de esos límites -confesaba Müller-, es muy extraño que se produzca una protesta de los trabajadores. El último periodo conflictivo significativo tuvo lugar en 1998, recordó.
Mientras que en Vizcaya y el País Vasco uno de los principales motivos de conflictividad es la reducción de la jornada laboral, los daneses parecen haber asumido que tienen ya suficiente tiempo libre y su pelea, cuando negocian los convenios, se centra en dos puntos: los salarios y el periodo de formación que tendrán a cuenta de la empresa, que es de un mínimo de 15 días al año y puede rebasar el mes. Es quizás este apartado el que se negocia a 'cara de perro', según la impresión sacada por los miembros de la delegación vizcaína tras entrevistarse con sindicalistas y empresarios. Y no es para menos: de una formación eficiente y sólida va a depender el futuro laboral del trabajador y el éxito del sistema de 'flexisecurity'.
Los propios sindicatos gestionan las pensiones -un tercio de las cotizaciones las aporta el trabajador, y los dos tercios restantes, la empresa- y el seguro de paro. Este último es privado y funciona desde 1912, aunque el Gobierno se incorporó al mismo en 1970. Son también las centrales danesas -la tasa de afiliación de los empleados supera el 80%- las que aseguran que el despido no es una desgracia, sino «una oportunidad» para el trabajador.
Seis empleos de media
Esta mentalidad ha contribuido a generar un sistema laboral diferente y avanzado. Tasas de actividad y de paro -un raquítico 3,7%, frente al 8,3% de España- que se encuentran entre las mejores del mundo conviven con la movilidad laboral.
Un trabajador danés tiene en su vida una media de seis empleos, frente a los cuatro de uno de la UE; y la duración de cada uno de ellos es de 8,3 años, frente a los 10,6 de la Unión o los 6,5 de Estados Unidos. El cambio de ocupación, una cuestión calificada de «positiva» en los documentos sindicales, alcanza afecta en un momento u otro al 72% de los asalariados del país, frente al 40% de la UE, señalan sus estadísticas.