Una multitud de ciudadanos vascos repudió ayer en las calles de Bilbao el terrorismo de ETA y reclamó paz y diálogo para Euskadi. Convocados por el lehendakari y acompañados de los principales dirigentes políticos de este país -salvo los del PP y Batasuna-, varios miles de personas recorrieron la capital vizcaína en una manifestación que transcurrió sin incidentes. Aunque la marcha estuvo alejada de las polémicas que la habían rodeado durante la última semana, la intervención final de Ibarretxe -no prevista- fue recibida con frialdad por parte de los socialistas vascos.
A las 17.00 horas arrancaba de la plaza del Sagrado Corazón una concentración que durante los días previos había generado un alto grado de tensión y escaso consenso. A las críticas lanzadas desde el PSE-EE al lehendakari por actuar de manera «unilateral», se sumó la decisión de Batasuna de acudir, lo que obligó al lehendakari a añadir al lema inicial, 'Por la paz y el diálogo', la frase 'Exigimos a ETA el fin de la violencia'.
Sin la presencia de la formación ilegalizada, el resto de partidos atravesó la Gran Vía de Bilbao juntos pero sin mezclarse. Lo hicieron de forma distante. El cruce de descalificaciones vivido los últimos días se notaba en el ambiente. Los dirigentes políticos caminaban varios pasos por detrás de la pancarta oficial, portada por una docena de ciudadanos anónimos. Tras ellos, Ibarretxe flanqueado por la totalidad de sus consejeros. Y a sus espaldas, una amplia representación política, social y económica.
La delegación del PNV estaba encabezada por su presidente, Josu Jon Imaz; y el portavoz del EBB, Iñigo Urkullu. Juntos a ellos permanecían el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna; y los diputados generales de Vizcaya y Guipúzcoa, José Luis Bilbao y Joxe Joan González de Txabarri. Bastante alejado de este grupo, Joseba Egibar. Por parte del PSE-EE acudió, a pesar de todas la reticencias, una amplia representación liderada por el secretario general, Patxi López; y el portavoz y secretario de Organización, Rodolfo Ares. También pudo verse, entre otros, a José Antonio Pastor, Txarli Prieto, Ramón Jáuregui, Txiki Benegas y al alcalde de San Sebastián, Odón Elorza. A su lado, el presidente del Senado y miembro de la ejecutiva del partido, Javier Rojo. El resto de formaciones estuvieron representadas por sus principales dirigentes: EA (Begoña Errazti y Unai Ziarreta); Ezker Batua (Javier Madrazo); y Aralar (Aintzane Ezenarro). Asistieron miembros de CiU, ERC, ICV y BNG. También hubo una amplia delegación empresarial, sindical y social. En un lugar destacado permanecieron los ex lehendakaris Carlos Garaikoetxea y José Antonio Ardanza. Como estaba previsto, no hubo miembros destacados del PP.
Pero la gran protagonista fue la ciudadanía, que respondió de forma masiva a una convocatoria marcada por la confusión de los días previos. Según la Policía Municipal, hubo alrededor de 80.000 personas. Como ejemplo gráfico, los organizadores anunciaron que cuando la cabeza de la marcha había alcanzado el Ayuntamiento la cola estaba próxima al Sagrado Corazón, un recorrido de dos kilómetros repleto de gente.
La respuesta fue multitudinaria y sin incidentes, pero al misma tiempo fría. En una manifestación contra ETA no se oyeron exclamaciones en contra de la banda. Tampoco hubo pancartas de repulsa. Alguna ikurriña dispersa y dos banderas -una cubana y otra nicaragüense-, se elevaban por encima de las cabezas de los presentes. Sólo al comienzo se escuchó alguna alusión explícita de repudio a la organización terrorista, no secundada por la multitud. La propia pancarta simbolizaba lo que sucedía. La frase 'Por la paz y el diálogo' estaba escrita en tipografía significativamente mayor que 'Exigimos a ETA el fin de la violencia'.
La marcha transcurrió en silencio, apenas roto por esporádicos gritos de apoyo al lehendakari. Una situación que incomodó a la militancia socialista. En el recuerdo, lo sucedido el año 2000, cuando una manifestación celebrada en Vitoria por el asesinato de Fernando Buesa se convirtió en un acto de respaldo a Ibarretxe. Algo que, en esta ocasión, no sucedió.
Discurso
Casi una hora después de ponerse en marcha, los ciudadanos que portaban la pancarta llegaban a la escalinata de la casa consistorial bilbaína. Aunque en un principio no estaba previsto, el lehendakari tomó la palabra. Los rostros de los dirigentes del PSE -que habían acusado la semana pasada a Ibarretxe de «personalista»- eran un poema.
En una breve intervención, destacó el papel de los congregados, señaló que los asistentes habían dado una «lección» a la clase política alejándose de «debates estériles» y alabó su «generosidad». Aseguró que la manifestación demostraba que la sociedad vasca «no quiere vivir con violencia» y que «no se resigna» a no tener un país en paz.
Ibarretxe sostuvo que sin diálogo «no hay futuro ni esperanza» y advirtió de que su gabinete «no va a ceder» y tomará «la iniciativa para lograr acuerdos políticos», una reflexión que lanzó varias veces. En un discurso en castellano y euskera de apenas cinco minutos, sólo mencionó a la organización terrorista en una ocasión: «No aceptamos que la violencia de ETA condicione nuestro futuro».
Sus palabras fueron recibidas con aplausos por parte de los asistentes. Otros muchos permanecieron con los brazos cruzados. Entre ellos, la cúpula del PSE-EE, visiblemente molesta. Cuando terminó, Ibarretxe descendió las escaleras del Ayuntamiento. Un minuto de silencio cerró de forma oficial la manifestación. Sin embargo, el punto y final lo puso otro ciudadano anónimo. Mientras se recogía la pancarta, lanzó su propio mensaje: «Lehendakari, los vascos que no somos soberanistas ni separatistas estamos hartos de quienes son separatistas y fascistas». Algunos asistentes comenzaron a gritar consignas a favor del presidente del Gobierno vasco. Los organizadores les hicieron gestos para que callasen. La multitud se dispersó.