Sábado, 6 de enero de 2007
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fin del alto el fuego
Localizados otros 80 kilos de explosivos en un monte de Atxondo
ETA planeaba un atentado tan potente como el de Barajas con el arsenal de Vizcaya, aunque se desconoce su objetivo El comando estaba formado por tres miembros no fichados
Localizados otros 80 kilos de explosivos en un monte de Atxondo
ARSENAL. Agentes de la Ertzaintza, en las inmediaciones del lugar en el que aparecieron ayer nuevos explosivos. / REUTERS
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ETA planeaba romper la tregua la pasada Nochebuena con otro atentado de similar potencia al que derribó las cinco plantas del parking de la T-4 en Barajas el pasado día 30, según apuntan especialistas en la lucha antiterrorista, que desconocen el objetivo de la banda. El hallazgo de 80 kilos más de explosivos ayer en la localidad vizcaína de Atxondo avala esta hipótesis y confirma que la banda disponía de más material para seguir actuando en Vizcaya. Otros medidos señalan que los terroristas preparaban una cadena de atentados.

El comando que operaba en Amorebieta estaba formado por tres miembros 'legales', no fichados por la Policía, entre ellos el huido Asier Larrinaga, usuario del coche marca 'Rover' encontrado en Atxondo, lo que perfila una situación similar a la de la ruptura del anterior alto el fuego, según las evidencias recogidas hasta el momento.

La Ertzaintza, con el apoyo de perros especializados, rastreó ayer por la mañana una zona de bosque y monte bajo situada en Atxondo, en las inmediaciones de donde apareció el jueves el bidón-bomba con 100 kilos de explosivo. Los primeros resultados de la batida se produjeron a media mañana: los policías localizaron un agujero en el suelo en el que había un recipiente de plástico que contenía 20 kilos de nitrato amónico, una de las sustancias empleadas para la fabricación de amonal. También se encontraron bolsas que contenían los detonadores necesarios para activar la bomba hallada el jueves y temporizadores de la marca Coupatán, entre otras. En otro orificio próximo al anterior había dos mochilas vacías.

Horas más tarde, se encontraba otra mochila que contenía otros 60 kilos de explosivo, así como dos bolsas con medio kilo de cloratita cada una y manuales de ETA con instrucciones para la fabricación de bombas, según indicó el Departamento de Interior.

Todo el cargamento, unos 231 kilos en total, tiene un mismo origen: el zulo destapado de forma casual en el barrio San Miguel de Amorebieta el pasado 23 de diciembre y cuyo descubrimiento habría desbaratado los planes de la banda. El depósito, con 50 kilos de explosivo, estaba destinado a un comando de ETA con el que, presuntamente, estaría vinculado el vecino de Bilbao Asier Larrinaga, en paradero desconocido desde el mismo día 23 de diciembre, según informaron fuentes policiales.

El zulo de Amorebieta no estaba concebido para esconder el explosivo de forma permanente, sino como punto de entrega puntual elegido por los dirigentes de ETA para traspasar el material a un comando, según las informaciones que barajan las fuerzas de seguridad. 'Correos' desplazados desde Francia depositarían el explosivo y las armas que enviaban los responsables de la banda. Después, siempre siguiendo las indicaciones horarias de los jefes, el 'talde' se acercaría para recoger el cargamento que luego emplearía en los atentados.

El vínculo del móvil

Las Unidades de Información creen que una célula etarra acudió a mediodía del día 23 al zulo para recoger los paquetes con el explosivo. Antes, los terroristas habían comprado en un establecimiento del barrio bilbaíno de Santutxu un móvil que fue activado poco después. El aparato es uno de los vínculos entre el brutal atentado de Barajas y la célula que operaba en Vizcaya. El teléfono reapareció a las ocho de la mañana el día 30 cuando fue utilizado por un miembro de ETA para avisar a la Asociación de Ayuda en Carretera (DYA) de San Sebastián de la colocación del coche bomba en el aeropuerto de Barajas. Tras la llamada, el personal de la DYA llamó al número para requerir detalles adicionales sobre la colocación del coche bomba y se encontró con que ya estaba fuera de servicio, lo que hace sospechar que fue inutilizado tras realizar el aviso.

Al parecer, cuando los etarras se encontraban realizando la operación, ocurrió algo que les alarmó y les puso en fuga de manera precipitada. Una bolsa que contenía polvo de aluminio se reventó y su contenido quedó por el suelo, mientras parte de los efectos se quedaron semiescondidos. En la precipitación se olvidaron de la tapa del bidón-bomba ya preparado, que se quedó en el zulo, pero se llevaron el bidón y otra parte del material.

Desde el barrio de San Miguel los fugitivos se trasladaron a Atxondo, localidad situada a unos veinte kilómetros, donde se desprendieron de los explosivos que habían acarreado, pero sin esmerarse en ocultarlos, tal vez por las prisas. También dejaron el coche 'Rover' que solía utilizar Asier Larrinaga, el único miembro del comando etarra identificado.

 
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