La magia de la noche de Reyes y el componente de imaginación y esperanza que conlleva es defendida por educadores y psicólogos como inmejorable herramienta de aprendizaje para los niños. Según los expertos, les enseña a tener ilusión por las cosas y les prepara para asumir que no siempre se consigue lo que se quiere. Durante generaciones, los más pequeños han acabado por descubrir el secreto y han jugado, ya como adultos, a perpetuar el misterio. Pero también han aceptado que la fantasía es necesaria y han aprendido a disfrutar de la belleza que encierra el rito del regalo.