Las Xoxonees pasan por ser un icono de la Movida madrileña, pero surgieron en la escena neoyorquina, donde ahora, veinte años después, una de ellas ha cambiado el rap-flamenco de su antiguo grupo por el mambo de uno nuevo en el que toca el trombón. Lava Gina es el nombre del club de Manhattan en que un martes de cada dos se presenta Mambo NYC, el combo de Cristina Hernández, la única miembro de la mítica banda española que aún reside en Nueva York.
Junto a Blanca Li, Chus Gu-tiérrez y Montse Martínez, Cristina Hernández es una de las integrantes originarias de las Xoxonees (nombre derivado del de la tribu india de los shoshones); cuatro amigas que coincidieron a principios de los 80 en Nueva York para estudiar arte. Con canciones como 'Peludas' y 'Tírate un yupie', actuaron en pequeños locales de la ciudad, donde ofrecían espectáculos en los que vestían de bailaoras, mezclando cante, música, baile y humor.
El éxito marginal en Nueva York les permitió dar el salto a Madrid, donde su disco homónimo, editado en 1989, les convirtió en sinónimo de modernidad, antes de separarse y em-prender cada una sus propios proyectos. Blanca Li sigue en el ballet contemporáneo y desde hace poco dirige el Centro Andaluz de Danza; Chus Gutiérrez, la cineasta hermana de la anterior, ha estrenado este año la película 'El Calentito', en la que recrea precisamente la eclosión de la Movida, y Montse Martínez lidera el grupo Naranjas de la China.
«Manhattan es una isla muy musical que sigue muy viva. En Nueva York nacieron la salsa y el hip hop», subraya Cristina, antes de reconocer que «cuando aparecimos nos inspiramos, por ejemplo, en el rap. En casa oíamos a los grupos neoyorquinos que aparecían entonces, como Talking Heads, Blondie y los Ramones, pero al componer nos inspirábamos en la calle», agrega.
Según Cristina Hernández, «esa efervescencia sigue; aún puedes abrir la puerta de cualquier bar y encontrarte con un grupo de cualquier género imaginable».
De formación clásica y con afición al jazz, la ex xoxonee comparte su actual aventura musical con un puñado de percusionistas puertorriqueños, una saxofonista checa y el estadounidense Anthony Stonier, teclista y líder del grupo. Su público en el Lava Gina -un conglomerado generacional y étnico de afroamericanos, latinos y orientales- no para de bailar.