Domingo, 17 de diciembre de 2006
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CULTURA

MARÍA JOSÉ CASADO RUIZ DE LÓIZAGA, PERIODISTA Y ESCRITORA
«La ciencia siempre ha tenido mucha barba»
La especialista en divulgación reivindicará mañana a las mujeres científicas en el aula de la Fundación Vocento
«La ciencia siempre ha tenido mucha barba»
CIENCIA E HISTORIA. La autora de 'Las damas del laboratorio', la vitoriana María José Casado Ruiz de Lóizaga. / NURIA GONZÁLEZ
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LA OBRA Y SU AUTORA
Título: 'Las damas del laboratorio.Mujeres científicas de la historia'.

Autora: María José Casado Ruiz de Lóizaga. Prólogo de Margarita Salas.

Formación y trayectoria: Licenciada en Ciencias de la Información y en Historia Moderna Contemporánea. Subdirectora de la revista 'Muy interesante'. Ha trabajado en diversos medios de prensa y televisión.

Editorial: Debate. Colección Historias.

Presentación: Mañana, a las 20.00 horas. Sala Luis de Ajuria. Aula de la Fundación Vocento.

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La divulgación científica es el campo de trabajo elegido por la periodista vitoriana. Pero, además de llevar hasta el público los diferentes descubrimientos, avances o curiosidades, la autora asumió hace años el compromiso de dar a conocer a las mujeres que han destacado como científicas y han quedado relegadas al olvido. Un trabajo en el que insiste a través de un libro -'Las damas del laboratorio' (Debate)- que ha sido prologado por la gran investigadora Margarita Salas.

-¿Cómo enfoca su charla?

-Para empezar, voy a hacer un recuerdo sentimental de mi tierra, porque para mí es muy importante y entrañable. Después, recordaré mis inicios en el periodismo con EL CORREO, antes de hablar del tema de mi libro. En realidad, son diez biografías de las otras 'curies'. Marie Curie es una científica con dos Nobel, pero si echas la vista atrás te das cuenta de que hay un montón de científicas interesantísimas, con unas vidas fuera de serie y apasionantes, y que no se conocen.

-¿Por ejemplo?

-Este año se está celebrando en Francia el tercer centenario de madame de Châtelet, una desconocida en España. Fue una dama ilustrada, una intelectual de la corte de Versalles, que estaba en la pomada de la política y de la ciencia. Escribió obras de matemáticas y filosofía, pero tradujo y comentó la obra capital de la física de Newton.

-¿De qué manera retrata a estos personajes?

-Intento que sea algo ameno. Creo que la ciencia siempre ha tenido mucha barba y asusta un montón. Cuento anécdotas, los ambientes apasionantes en que estuvieron metidas y, aquí, responderé a lo que la gente quiera preguntar.

-¿Cómo llegó a la divulgación científica?

-Creo que hubo dos factores. Uno, que siempre me ha gustado la química, algo que estuve a punto de estudiar. Y luego, las circunstancias: se había creado hacía poco tiempo la revista 'Muy interesante', y me atraía muchísimo. Hace veintitantos años que me ficharon, pero hasta entonces aquí sólo existían 'tochos' científicos inaccesibles.

-¿Qué es lo principal en este campo?

-Un mandamiento: 'Entiéndelo tú, para que puedas contarlo a todos los demás'.

-En el mundo científico anglosajón, hay literatura y hasta humo. ¿Son cosas que en el ámbito latino dan impresión de restar seriedad?

-Efectivamente, el mundo anglosajón no tienen a la Ciencia en un pedestal y los científicos son más accesibles. Aquí, todavía encuentras -cada vez menos- a quienes les cuesta bajarse de su terminología técnica y traducirlo a la población. Pero esto requiere esfuerzo y voluntad. Nos llevan una gran delantera.

-En estas dos décadas, ¿ha ido cambiando el interés del público por las cuestiones científicas?

-Va evolucionando, y hay picos, modas. Hace un par de décadas, el 'número uno' era la carrera espacial, la conquista del espacio, así como los aviones. Luego, vino la época de los dinosaurios y ahora estamos viviendo la época de la genética, del ADN. La gente va absorbiendo determinados conocimientos y nosotros tratamos de hacer comprensible lo que nos rodea: ¿qué es un microondas?, ¿cómo funciona un coche solar?,...

Seudónimos e iniciales

-Al final de su libro, incluye una amplia lista de investigadoras. ¿Reivindica a todas estas mujeres relegadas a un segundo o tercer plano en la historia?

-Te sorprendes de que habiendo tantas mujeres no se conozcan. Pero es que la científica también ha estado en un segundo plano. Algunas firmaban con nombre de varón para que no las discriminasen. O como la condesa de Châtelet y Ada, la hija de Lord Byron, que usaban las iniciales.

-También cuenta que la maña María Andrea Casamayor se hizo pasar por hombre para publicar un tratado de matemáticas. Pero lo de Lise Meitner... ¿no es el colmo que su colega Otto Hahn se quedase con su Nobel?

-Ella era el motor de la investigación. Y así ha sido con algunos hombres, que se han apropiado de trabajos de mujeres, con falta de escrúpulos, falta de categoría personal y, por supuesto, de menor talla científica. Pero también ha habido otros, siempre de gran talla, como Max Planck, que respetaban el trabajo y no hacían distingos entre hombres y mujeres.

 
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