Han sido muchos los actos celebrados con motivo del 50º aniversario de la muerte de Pío Baroja (1872-1956), el gran escritor donostiarra. Y aún han de continuar, al menos en los primeros meses de 2007. Sabemos, por ejemplo, que el Instituto Cervantes, a través de su centro de París, prepara unas jornadas que están más que justificadas, dada la estrecha relación de Baroja con aquella ciudad.
Por lo que respecta a Vitoria y Álava, ha concluído el ciclo organizado por nuestra sociedad, patrocinado por la Diputación y el Ayuntamiento de la ciudad, y que ha contado con una gran participación. La mayor parte de los actos fueron conferencias, cuyos textos se proyecta imprimir. Hubo también una representación teatral, a cargo de un grupo de la Universidad de Navarra; quiere ello decir que por fortuna estamos lejos de las diatribas antibarojianas de buena parte de la Iglesia católica, y una Universidad del Opus Dei llevó a las tablas al extraordinario escritor.
Y el ciclo llegó a su término el pasado jueves 2 de noviembre, con la presentación de un curioso librito, titulado 'Viaje de don Pío a Baroja', editado por la Diputación. El libro tiene dos partes: de un lado, un texto de Gonzalo Manso de Zúñiga (1902-1982) en que se nos cuentan los viajes y paseos con Baroja, principalmente en el año 1935. De otro, contiene un extracto de las memorias de don Pío, principalmente las dedicadas a sus tres visitas al pueblo de Baroja, lugar de donde procedían sus ancestros, apellidados Martínez de Baroja.
A algunos les puede sorprender que Baroja hiciera a pie la primera visita a ese pueblo, desde Laguardia, haciendo el recorrido de ida y vuelta en el mismo día. Pero sería olvidar que ir a pie era entonces de lo más corriente. Baroja dice que esa primera visita la hizo «hacia 1912». En la segunda, «muchos años después», le acompañó Fernando del Valle Lersundi (1888-1970), historiador, director del Museo de San Telmo y director de la Bascongada. Y la tercera visita a Baroja fue la de 1935, en compañía de Gonzalo Manso de Zúñiga, persona de gran cultura, natural de Haro y que vivió la mayor parte de su vida en San Sebastián, de cuyo Museo de San Telmo fue también director. Un repaso a la bibliografía de Manso de Zúñiga nos da una idea de la profundidad de su saber.
Un anarquista en coche
En 1935, Pío Baroja estaba preparando los materiales para su novela 'El cura de Monleón', que apareció aquel mismo año. Leyendo la novela, salta a la vista, si no tuviéramos más elementos, que Baroja aprovechó muy bien todo lo que vio, con su acostumbrada exactitud geográfica e histórica.
Los relatos paralelos de Gonzalo Manso de Zúñiga y de Baroja tienen mucho interés. El escritor preguntó en el pueblo si había algún Baroja, y le respondieron afirmativamente, y que el alcalde era un Martínez de Baroja. Don Pío pregunta de qué ideología era, y le informan con un expresivo «Pues qué va a ser, ¿¿¿carlista!!!», a lo que el novelista replica: «Bien. Dele recuerdos de un primo suyo que es anarquista». Y al salir del pueblo, un pastorcillo grita: «¿Vaya, vaya anarquista y con 'chaufer'!».
Ambos textos, el de Baroja y el de Manso de Zúñiga, eran conocidos. Como queda dicho, el de Baroja figura en sus memorias. Y el de Gonzalo Manso de Zúñiga se publicó en 1972, en Madrid, dentro de un libro de varios autores titulado 'Encuentros con don Pío'. Pero esta edición que comentamos se ha enriquecido notablemente gracias a quien la ha preparado, Federico Verástegui, diputado foral de Cultura.
Fotos y notas
En efecto, además de un prólogo y unas notas a pie de página, principalmente acerca de las personas citadas por Manso, se han incluido varias fotos, una de ellas de don Pío debajo del letrero del pueblo, y nueve cartas autógrafas del novelista a la misma persona, escritas entre 1934 y 1953. De manera que la extensa bibliografía sobre Baroja tiene un meritoria obra más que añadir.
Esperemos que estos homenajes traigan como fruto lo más importante: que la gente lea más a Pío Baroja, una de las cumbres de la literatura universal, sin duda alguna. Este es el deseo nuestro, como también el de su sobrino, el cineasta y escritor Pío Caro Baroja, que, junto con su mujer, Josefina Jaureguialzo, sirvió de guía en la visita que un nutrido grupo de socios de Landazuri hizo el 28 de octubre a 'Itzea', la casa comprada por Pío Baroja en 1912. La foto de hoy es un testimonio de las dos agradables e instructivas horas pasadas allí.