La complejidad de la medicina de nuestros días hace imposible que las autonomías proporcionen una cobertura total, ya que la escasez de pacientes para algunas técnicas no compensaría el elevado coste de implantarlas. Por eso, el Sistema Nacional de Salud ha dispuesto una red de unidades de referencia, que absorben tanto a los enfermos locales como a los forasteros necesitados de su atención. Estos movimientos de pacientes dan lugar a una suerte de 'balanza de pagos' médica que, en el caso de Euskadi, está bastante ajustada: a lo largo del año pasado, Osakidetza envió a 1.079 personas a otras autonomías y recibió a 1.141.
«Los flujos de pacientes se muestran muy estables en los últimos años», comenta el director de Financiación y Contratación Sanitaria, Josu Garay. En 2004, salieron 1.062 pacientes y entraron 1.099, mientras que en el ejercicio precedente las cifras respectivas fueron 983 y 1.129. Estas cantidades no incluyen a los veraneantes ni a los residentes en zonas próximas a la muga que prefieren las urgencias de la comunidad vecina, sino sólo los ingresos programados mediante la denominada 'orden de asistencia', es decir, aquellos enfermos que las autoridades sanitarias deciden enviar a otra región. Para ello, la comunidad de origen ha de remitir una solicitud a la de destino, donde los responsables del hospital correspondiente evaluarán la petición.
Los enfermos que llegan a Euskadi proceden sobre todo de las zonas limítrofes: Castilla y León, Cantabria, Navarra y, en menor grado, La Rioja. Entre las patologías más frecuentes que presentan estos pacientes 'importados' destacan las insuficiencias renales -el año pasado, se sometió a trasplante de riñón a 22 personas de fuera del País Vasco-, la epilepsia, las complicaciones de Neonatología -el hospital de Cruces es referencia en este campo-, los trastornos respiratorios derivados de quemaduras, los problemas cardiacos que exigen cirugía y los linfomas.
En cambio, los lugares de destino de los envíos realizados por Osakidetza son, principalmente, Madrid, Barcelona, la Comunidad Valenciana y Navarra, aunque también hay que mencionar por su relevancia los trasplantes de corazón y pulmón realizados en el hospital santanderino de Valdecilla (en 2005, seis vascos se sometieron allí a la primera intervención y cuatro a la segunda) y las paraplejias atendidas en el centro de Toledo, referencia para todo el territorio español. Las autoridades sanitarias citan además entre las prácticas más importantes los trasplantes de médula ósea, aunque no todos se mandan fuera, y algunas anomalías de recién nacidos, como las patologías cardiacas que se suelen operar en Madrid.
Ocho millones
Los procesos derivados a los hospitales de Euskadi han tenido un coste de ocho millones de euros, mientras que el importe de los servicios prestados por otras comunidades asciende a 7,37 millones. Se trata de «un saldo bastante equilibrado», en palabras de Garay, aunque los Gobiernos autonómicos no se sientan después a hacer cuentas entre ellos. El Ministerio de Sanidad administra el Fondo de Cohesión Sanitaria, destinado a compensar parcialmente a las autonomías que pierden dinero en este intercambio de pacientes, pero Euskadi y Navarra no entran en el reparto anual debido a sus particulares modelos de financiación. No obstante, como es lógico, éste es uno de tantos factores que se tienen en cuenta a la hora de negociar el cupo.