El propósito de evitar la cuenta de muertos, hecho por el Gobierno de Estados Unidos, escaldado por Vietnam, antes de invadir Irak, tropezó ayer con el estudio más amplio que se ha publicado sobre el tema. Sus resultados elevan el número de víctimas hasta la escalofriante cifra de 655.000.
Esto es veinte veces más que los 30.000 civiles muertos admitidos en diciembre por el presidente Bush, para quien la nueva estimación «no es creíble». Pero también sobrepasan en más de diez veces las 50.000 víctimas contadas con nombre y apellido por la organización británica Iraq Body Count, y cinco veces más que las 128.000 nombradas por una organización iraquí. A diferencia de éstas, el estudio no es un recuento, sino una estimación obtenida a partir de una muestra representativa.
Detrás de esta aproximación basada en entrevistas con 1.849 familias que llevaron a cabo médicos de la Universidad de Mustansiriya de Bagdad, se encuentra la supervisión de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore y el Centro para Estudios Internacionales del Instituto Tecnológico de Massachussetts, que ha pagado los 40.000 euros de coste.
El resultado discrepa sonadamente con quienes cuentan cadáveres en las morgues, pero es proporcional a otro estudio anterior de la revista 'The Lancet', que en 2004 estimó en 100.000 fallecidos el balance de la invasión. Como muestra se han elegido 47 barrios de 18 regiones de Irak sin tener en cuenta la situación actual de violencia. El resultado son los muertos «en exceso» de los que hubieran ocurrido independientemente de la campaña militar. Entre ellos, señalan los críticos, se incluyen no sólo muertes a consecuencia de actos terroristas o sectarios, sino también los debidos a la delincuencia rampante desatada tras la apertura de las cárceles e incluso a la violencia doméstica.
Así, el índice de mortalidad habría ascendido de 5,5 por mil durante el último año del régimen de Sadan Hussein, hasta 13,3. La principal causa de mortalidad en los últimos tres años fueron los disparos (56%), los ataques de las fuerzas de la coalición (31%), y las explosiones por coche bomba (14%).
El controvertido informe fue analizado ayer por expertos como Donal Derry, presidente del centro de Bioestadísticas del MD Anderson Center de Houston, que ve en la extrapolación «un aire de veracidad inaceptable», pero fue defendido a capa y espada por otros como John Zogby, presidente una empresa de sondeos, quien avaló la metodología que Bush calificase de «bien desacreditada», y defendió la reputación de los investigadores, que calificó de «gente seria». Zogby insistió en que «con 1.000 personas mi empresa y otras han sido capaces de adelantar con toda precisión los resultado de elecciones. En un país como Irak, una muestra de más de 1.800 es más que suficiente»