El Correo

El presidente gana tiempo

Cuarenta y ocho horas después de que el ‘aparato’ de Génova cometiera el enésimo error y se lanzara en tromba contra el tribunal de la Audiencia Nacional que trata de esclarecer las primeras andanzas de la ‘trama Gürtel’ y el funcionamiento de la caja ‘B’ del PP por citar como testigo al presidente del Gobierno -es la primera ocasión en que ocurre algo así en España-, Mariano Rajoy ponía ayer sordina a la polémica.

En lugar de arrojar más leña a un fuego que ha adquirido unas proporciones bastante notables, el líder conservador se limitaba a valorar su citación como lo que es: «Un acto de pura normalidad». «Es mi obligación e iré encantado a aclarar lo que quieran», dijo el jefe del Ejecutivo, quien, eso sí, rehusó comentar si la decisión judicial le «parece razonable».

Con su reacción, del todo esperable, Mariano Rajoy recurre otra vez a una estrategia que ya le ha dado resultado en otras ocasiones, al punto que todavía sigue en Moncloa con todo lo que ha caído gracias a la abstención del PSOE. Ya saben, mejor bajar el suflé que seguir engordándolo a ver si amaina la tormenta, como ha sucedido en otras ocasiones.

La exasperante lentitud de la Justicia en España propicia situaciones como la actual: que mientras los tribunales enjuician casos de corrupción destapados hace diez, veinte o treinta años se descubren otros nuevos. La suma resulta letal y dispara razonablemente la preocupación por un problema de primer orden al que nuestra clase política se niega a dar solución con todas las consecuencias.

A ello hay que añadir la gravedad de los nuevos casos que se destapan. Como el último, el saqueo practicado por el expresidente madrileño Ignacio González y los suyos en la empresa de aguas de esa comunidad, el Canal de Isabel II. Un saqueo que podría rondar los 60 millones de euros.

Y, además, que el poder político sigue abusando de prerrogativas que recibió en la Transición para consolidar la democracia y que ahora usa para dificultar que se limpien las pestilentes cloacas del Estado. El último caso, el intento del nuevo fiscal Anticorrupción, Manuel Moix, porque no se practicaran determinados registros en el caso González. Los fiscales tuvieron que rebelarse y acudir al órgano colegiado superior para poder completar sus indagaciones.

Pero es que estos días por no faltar no ha faltado ni la imputación de un conocido periodista y tertuliano acusado de presionar a la presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, para que no colaborara contra Ignacio González. Ni las lágrimas de la expresidenta Esperanza Aguirre que, un día más, pretendió ayer que no se enteraba de las tropelías de sus dos colaboradores más cercanos, Granados y González.

El PSOE aspira a acelererar la constitución de la comisión de investigación sobre la ‘Gürtel’ para que Rajoy se explique cuanto antes. No parece ser la principal preocupación de los populares. No mientras el PSOE siga desactivado, sin líder y sin poder contestar a la gran pregunta: si a día de hoy se arrepiente o no de haber hecho posible con su abstención que Rajoy continúe en La Moncloa.

Cuestión diferente es el PNV. Su opinión sí que inquieta en la medida en que los jeltzales son claves para que se aprueben los Presupuestos del Estado para 2017. El PP vasco destapó ayer este nerviosismo al apresurarse a ‘recordar’ al partido de Ortuzar que corrupción y Cuentas no tienen nada que ver. De momento los jeltzales siguen estando por el pacto, si la dote lo merece.

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