El Correo

Sigüenza, la ciudad del Doncel

Castillo de Sigüenza.
Castillo de Sigüenza. / FOTOS: IÑIGO MUÑOYERRO
  • La población más turística de Guadalajara extiende su casco urbano medieval a orilla del río Henares

  • Entre sus monumentos destacan la Catedral fortaleza y el espectacular Castillo de los Obispos, alcazaba musulmana y ahora Parador de Turismo

Una imponente fortaleza sobre un cerro pelado cierra el horizonte cuando llegamos por la carretera de Guadalajara a Sigüenza. Sus muros almenados se recortan contra el más azul cielo castellano. Estamos frente al palacio de los Obispos, uno de sus edificios más emblemáticos. El otro es la catedral-castillo que custodia el sepulcro renacentista del Doncel Martín Vázquez de Arce. Hemos llegado a la Muy Noble y Fidelísima Ciudad de Sigüenza, la población más turística de Guadalajara que se llena cada temporada con miles de turistas. La atracción no es nueva. Data de hace más de dos mil años.

La Ciudad del Doncel fue fundada por los celtas arévacos como Secontia. La Segontia romana figuraba en el Itinerario de Antonino. En el siglo VI el obispo Protógenes organizó un concilio. Pasaron los visigodos sin mayor historia y llegaron los musulmanes. Reforzaron los muros romanos y convirtieron la fortaleza en un baluarte de la frontera del Islam.

No resistieron la embestida de las tropas del obispo guerrero Don Bernardo de Agen, de la orden del Cluny, que en tiempos de Alfonso VII conquista la ciudad (año 1123). Los carlistas (siglo XIX) arruinaron la fortaleza. Durante la Guerra de Independencia los franceses desvalijaron la catedral. Finalmente, el asedio en la Guerra civil (1936) también pasó factura.

El Castillo de los Obispos

Sigüenza renació y ahora es románica, cisterciense, gótica, renacentista, plateresca, barroca y neoclásica. Un museo al aire libre que reúne en su casco medieval amurallado y en cuesta recoletas plazas; casas solariegas; iglesias y conventos alrededor de la catedral con la fortaleza de los obispos –ahora Parador Nacional- en lo más alto.

Plaza Mayor.

Plaza Mayor.

Comenzamos la visita por el Castillo de los Obispos y Señores. Más interesante subir a pie, pero también se puede llegar en coche hasta el amplio aparcamiento que hay frente a los muros. De allí hay una buena vista de la población y de la campiña circundante.

La fortaleza que contemplamos fue erigida en el siglo XII como residencia de los obispos y así continuó hasta mediados del siglo XIX. Abandonada, en los años 60 del siglo XX era una ruina. La restauración comenzó en 1970 dirigida por el arquitecto J. L. Picardo, que se basó en antiguos planos para devolver a las piedras su esplendor. El edificio es ahora un magnífico Parador Nacional de Turismo que conserva su espíritu altomedieval.

Se accede por una puerta del siglo XIV obra de Don Pedro González de Mendoza, luego cardenal Mendoza. El interior impresiona. Las habitaciones miran al gran patio interior en el que cabía la población de Sigüenza en tiempo de guerra. En el centro está el pozo. Visitamos los salones donde vivieron los obispos. Escalinatas de piedra; mobiliario de época, armaduras, chimeneas… En una de las estancias encerró en 1355 Pedro I de Castilla 'El Cruel' a su esposa Doña Blanca de Borbón. Tenía dieciséis años. La mandó asesinar seis años después.

Los visitantes tienen a su disposición un bar y un excelente restaurante.

Románico y la judería

Siguënza se puede recorrer en unas 2 o 3 horas. Comenzamos bajando por la cuesta de la Calle Mayor hacia la Plaza Mayor y la Catedral. Alineada con el resto de casas está la iglesia de Santiago, románica. Sólo su fachada principal da a la Calle Mayor. Data del pontificado del obispo Cerebruno (1156-1167). La portada es soberbia. El interior resultó muy dañado durante la Guerra Civil de 1936.

Nos desviamos por la calle Arcedianos para visitar la iglesia de San Vicente. Junto a la Catedral y a la iglesia de Santiago forma el triángulo románico de la ciudad. Tras la conquista un 22 de enero de 1124, festividad de San Vicente Mártir decidieron erigir una parroquia bajo su advocación.

Es otro templo urbano. Sólo muestra a la calle la magnífica portada. Preside el altar una talla policromada de un Cristo crucificado (siglo XIII).

Enfrente está la Casa del Doncel. Este armonioso edificio de estilo gótico civil es uno de los más visitados de la ciudad. Data del siglo XIII. Ha sido morada de familias importantes como los Vázquez de Arce y Sosa y los marqueses de Bedmar. Su aspecto es el de una casa-torre coronada por almenas. En la actualidad alberga un excelente restaurante (Nöla).

Más allá está la Plazuela de la Cárcel. En el Medioevo fue la Plaza Mayor con edificios civiles como la cárcel, el Ayuntamiento y la Posada del Sol citada en el 'El Quijote' apócrifo de Avellaneda. Aún se conservan. Está próxima a la Puerta del Hierro y a la aljama o barrio judío donde estaba una de las sinagogas (hubo dos). Poco queda de aquello. Los judíos fueron expulsados en el año 1492. Su recuerdo pervive en el nombre de la calle.

La Catedral-fortaleza

Callejeando volvemos a la Calle Mayor para desembocar en la Plaza Mayor. Detrás asoma la Catedral.

La plaza fue realizada en el siglo XV por orden del cardenal Mendoza, que dio orden de derribar un lienzo de la muralla para crear un nuevo espacio diáfano donde ubicar el ayuntamiento y la Casa de la Tesorería. También para admirar la Catedral y celebrar espectáculos y un mercado semanal. Es una bella plaza castellana de estructura rectangular. Uno de los lados ocupa una galería porticada para guarecerse los días de lluvia. A un lado y otro se edificaron casas nobiliarias adornadas con escudos. Al Sur se eleva el Palacio de los Deanes sede del Ayuntamiento actual.

La imponente Catedral-fortaleza de Santa María se alza en el centro de Sigüenza. Su severa arquitectura domina desde la torre del Altísimo los edificios de la ciudad, las murallas y las torres de las iglesias y las alamedas del Henares. Se alinea visualmente con el Castillo de los Obispos.

Y José Ortega y Gasset la describió así. 'La catedral de Sigüenza', toda oliveña y rosa a la hora del amanecer, parece sobre la tierra quebrada, tormentosa, un bajel secular que lleva bogando hacía mí…’

Las obras comenzaron en el siglo XII (año 1124) a instancias del primer obispo y señor de Sigüenza Bernardo de Agen y terminaron en el siglo XV. El resultado es un perfecto templo-fortaleza con estilos que van del románico al gótico flamígero enriquecido por todos los cardenales y obispos insignes que durante ocho siglos mandaron sobre la ciudad.

La capilla del Doncel

Hay tanto que ver dentro de la catedral que más que una descripción hay que visitarla con mimo y si es posible con guía.

Las joyas que alberga son numerosas. Destaca la capilla de San Juan y Santa Catalina donde reposan los Vázquez de Arce. Allí está el mausoleo del Doncel (siglo XV). Una joya escultórica del gótico flamígero y la obra con mayor atractivo del templo. Es una maravillosa estatua en alabastro blanco del comendador Don Martín Vázquez de Arce, muerto en el año1486 en la guerra de Granada con sólo veinticinco años de edad. Reclinado, armado de espada y puñal y vestido con la cota de guerrero. Mantiene un libro de horas en las manos y aguarda la resurrección. Sobre el cuerpo del guerrero un epitafio gótico dice: ‘Aquí yace Martín Vázquez de Arce, caballero de la orden de Santiago, que mataron los moros socorriendo al muy ilustre señor duque del lnfantado, su señor, a cierta gente de Jaén, a la Acequia Gorda en la vega de Granada. Cobró en la hora su cuerpo Fernando de Arce, su padre, y lo sepultó en esta Capilla año 1486. Este año tomaron la ciudad de Loja, las villas de llora, Moclín y Montefrío por cercos en que padre e hijo se hallaron’.

Se ignora quien fue el autor de la escultura.

Más visitas y gastronomía

Como curiosidad contar que en la catedral se venera la imagen de Santa Santa Librada o Santa Wilgefortis 'la santa barbuda', virgen y mártir lusitana del siglo VIII que atiende un pedido muy particular: deshacer casamientos indeseados.

Entrada al Parador.

Entrada al Parador.

La visita a Sigüenza no termina en la catedral. Aún nos quedan el Museo Diocesano (imprescindible); Palacio Episcopal; la antigua Universidad; las puertas y cubos de la murallas; la necrópolis medieval y callejeando bajar hasta Nª Sª de los Remedios (convento de las Clarisas) y al paseo de la Alameda, pulmón de la ciudad en los cálidos atardeceres veraniegos. Hasta allí llegan las esencias a yodo de los pinares que rodean la población.

No olvidamos la gastronomía. Se pueden encontrar restaurantes de calidad en todos los rincones de la ciudad. La cocina seguntina es contundente y basada en productos locales. El plato rey es el asado de cordero o cabrito. La sopa de ajo; los productos de caza o matanza; la trucha escabechada o con jamón y como postre las yemas del Doncel; el queso de oveja y la miel. Para estómagos fuertes las migas con chorizo, torrezno y huevo frito.

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