El Correo

Valle de Zamanzas, la Merindad olvidada

Vista de Báscones.
Vista de Báscones.
  • Un espacio natural casi despoblado, reserva de la biodiversidad, con pequeños pueblos que han preservado la arquitectura rural burgalesa. Báscones es el pueblo más remoto y Gallejones el mejor conservado y capital del valle

  • La iglesia de San Cristóbal de Ailanes es una buena muestra del románico de las Merindades. También visitamos las iglesias románicas de Cornezuelo y Crespos, en valle de Manzanedo

Las Merindades alcanzan su límite más salvaje en el espacio natural comprendido entre los cañones del Ebro; los vertiginosos cantiles calizos de la Sierra de Albuera y el paredón del Escalerón. Allí se extiende el boscoso, poco poblado y menos visitado Valle de Zamanzas. Municipio desde el siglo XIX, tras la abolición de los señoríos que engloba los pueblos de Gallejones, la capital, Aylanes, Barriolacuesta, Báscones, Robredo y Villanueva-Rampalay.

El viajero recorrerá un terreno de extraordinaria belleza paisajística, reserva de la biodiversidad que desde el mirador de Peña Nava aparece cubierto por un extenso bosque de quejigos, hayas, robles, encinas y pinos. Entre la arboleda se intercalan pueblos muy antiguos que se remontan a la repoblación de Castilla y que han llegado al siglo XXI a duras penas.

San Miguel de Cornezuelo

Vamos hacia Zamanzas por el valle de Manzanedo. Cruzaremos por el Paso de la Nava, que se abre en la Sierra de Albuera. Antes, en un altillo, se encuentra San Miguel de Cornezuelo. Es un pueblo alargado, espacioso que se alinea a lo largo de la carretera. Las casas son de estilo montañés, grandes, de piedra de sillería con balcones corridos y galerías acristaladas.

En otro tiempo fue parada de los comerciantes que viajaban hacia Santander. Ahora no hay bar, ni tienda. Entre semana no se ve un alma.

A unos 200 m del casco urbano (está señalizado) está la iglesia de San Miguel Arcángel. Rodeada de robles, en el extremo de un prado. Es un bello templo románico del siglo XII, de una sola nave, rectangular y equilibrado rematado con un ábside. En el tímpano aparece San Miguel luchando contra un monstruo.

Llama la atención el nombre del pueblo: Cornezuelo. Apuntan al hongo venenoso de ese nombre que nace en la espiga del centeno y que provoca el ergotismo, una enfermedad mortal. Lo probable es que venga de cornezuelo, diminutivo de cornejo. Un árbol común en la zona.

El Alfoz de Arreba

Campos en barbecho invadidos de endrinos y espinos. Bosquetes de pinos y robles, y más arriba el boj nos acompañan hasta el Alfoz de Arreba, al otro lado del alto de La Nava. A la derecha, aún en Manzanedo, se alza el castillo de Arreba. Remonta a la Reconquista. La primera cita es del año 1040 cuando estaba en poder del rey de Navarra. El sendero de subida está bien señalizado.

Cruce de rutas. Por la derecha la carretera desciende hacia Aylanes, Barriolacuesta, Robledo, Villanueva Rampalay y Gallejones. De frente vamos a Población de Arreba, Báscones y Crespos. En Arreba venden miel en temporada.

Población (del latín ‘populus’ chopo) de Arreba aparece a un lado de la carretera. Entre robledas, encinares y algunas piezas de cereal. Amplio aparcamiento en la entrada.

Pueblo de buenas casas repartidas en un trazado urbano irregular. Los edificios son de mampostería, con entramado de madera y adobe. Cerradas la mayor parte del año se abren en verano y fiestas. Advocada a la Inmaculada Concepción es barroca, como lo recuerda la fecha de 1639 año de su construcción. Conserva una enorme pila bautismal monolítica. En el retablo del altar se guarda la imagen de la Virgen de Zuble.

Camino de Báscones

Báscones, en Zamanzas, está a tres kilómetros. Se alcanza por una pista de grava bacheada a tramos que desciende al fondo del barranco.

Un paseo entretenido entre robles y encinas bajo los cortados del Escalerón. Los árboles han invadido prados y cultivos. La naturaleza manda. El silencio lo rompen los cuervos y los grajos. Temprano no es difícil sorprender corzos y jabalíes.

Báscones aparece en un recodo del camino. El nombre viene de la repoblación por vascones entre los siglos VIII y IX. El caserío lo forman unas pocas casas, la mayoría derrumbadas o en mal estado a un lado y otro de un arroyo. Madoz dice que en 1845 'tiene 28 malas casas, una fuente poco abundante, pero de aguas saludables para el surtido del vecindario'. Entonces tenía 49 habitantes. Ahora son muchos menos.

La iglesia de San Pedro domina la población desde un alto. Restaurada conserva algún resto románico. Más abajo se encuentra la fuente. De hechuras romanas hace tiempo que se ha secado. Gallinas, perros ladradores y ocas agresivas nos despiden cuando remontamos la pista de vuelta a Población. Allí vemos otra fuente, también de factura romana con cubierta de piedra y bóveda de medio cañón. Hay una Casa Rural (La Caléndula tfo. 647807314).

El vallejo escondido de Crespos

Aún en Manzanedo, cerca de Población, Crespos se esconde en un vallejo retirado y boscoso. Es uno de las aldeas más recónditas y mejor conservadas de la zona. Cuentan que nunca se despobló del todo.

Casas de labranza y un palacio, la mayoría en buen estado, que se recorren por una calle cubierta de hierba. En el centro se eleva la iglesia románica de la Inmaculada Concepción. También del Rosario.

Es un edificio pequeño, humilde, con una buena portada. Sobre un capitel figura la fecha de su construcción. Dice 'El 5 de las calendas de Mayo Pascasio' plantó el huerto en la era de 1181’. 27 de Abril de 1143 del calendario moderno.

Una casa rural (La Gándara tfo. 947573184/655 986 331) permanece abierta todo el año. Es un bonito edificio de arquitectura montañesa rodeada de nogales. Guardan la llave de la iglesia.

Románico y pinturas en Aylanes

Ailanes o Aylanes es el primer pueblo del valle de Zamanzas camino del Ebro. Extiende por la ladera un casco urbano donde destacan grandes casonas que han conservado la arquitectura popular del norte de Burgos. Algunas se derrumbaron cuando sus propietarios emigraron a Vizcaya sin intención de volver. Otras han sido restauradas con poco gusto. Pero el conjunto es armonioso y merece una visita.

Caminaremos entre nogales y cerezos hacia la iglesia de San Cristóbal Mártir. Es un excelente templo datado en el último cuarto del siglo XII. Bello y armonioso fue edificado en el estilo de las Merindades.

Hace unos años durante una restauración, en el ábside detrás del retablo salieron a la luz unas pinturas murales que fueron conservadas. Pertenecen a tres épocas diferentes.

Cuenta Madoz que llegó a tener 43 habitantes. En los años de la emigración estuvo a punto de desaparecer. Tres casas rurales (La Casa del Valle; Los Cerezos y Sendas del Ebro) han fijado la población.

Cerca del pueblo hay un yacimiento medieval con tumbas antropomorfas. Lo complicado es preguntar la dirección.

La carretera serpentea monte abajo entre una vegetación exuberante. Enfrente, al otro lado del Ebro, se divisan los Altos de Dobro y su parque eólico. A un lado quedan las ruinas de la iglesia de San Roque.

Barriolacuesta y Robledo

Tras una última curva vemos el desvío a Barriolacuesta. Aparcamiento en la entrada. Una chimenea humea. El pueblo es recogido con buenas casas y la iglesia en lo más alto. Es un templo modesto rodeado de encinas.

En Barriolacuesta hubo un castillo arruinado hace tiempo. Quedan unos sillares sobre un risco al norte del pueblo. Pudo ser una torre de vigilancia del castillo de Arreba.

A medio kilómetro, por el antiguo camino de herradura (ahora PR), se encuentra Robledo. Por carretera algo más lejos. Es un pueblo minúsculo, bien conservado y aún habitado. Destaca una fuente de hechura romana. En la plaza, bajo una casona con una puerta magnífica, la pila bautismal de la iglesia de San Pedro, románica ahora derrumbada, hace las funciones de fuente.

Las crónicas mencionan que las ruinas de San Pedro ocupan el lugar donde estuvo el monasterio altomedieval (año 1209) documentado como ‘Sancti Petri de Robledo’.

Pasamos luego por Villanueva Rampalay. A orillas del Ebro, que se cruza por un magnífico puente medieval construido por Fernán Pelaéz en el siglo XIII sobre uno anterior romano. Y encaramos la subida a Gallejones, la capital de este remoto rincón de las Merindades.

Durante la excursión hemos cruzado junto a fincas plantadas de frutales abandonados y cubiertos de líquenes. En otro tiempo fueron la riqueza del valle. Ahora no tienen quien los labre y pode.

El reloj de sol de Gallejones

El nombre de Gallejones retrotrae a repobladores astures. Como los cercanos Alfoz de Siero y Ailanes. Se reparte en tres barrios sobre la ladera boscosa bajo los escarpes del páramo.

El conjunto urbano es imponente como corresponde a un solar de hijosdalgo. Está integrado por torres y casonas de sillería adornadas con balconadas montañesas y galerías. Algunas han sido restauradas con gusto. Además de la fuente pública edificada en el año 1885, lo más destacado del pueblo es la iglesia de San Mamés. De estilo gótico del siglo XVI. Sobre la fachada de entrada figuran un reloj de sol y el escudo barroco de los Gallo. Hay una casa rural (Los Dujos tfo. 609493787).

El pueblo es renombrado por las propiedades de las aguas de sus fuentes. La más conocida es la llamada Los Rodillos o Pozo Negro. Es creencia que sus aguas son buenas para las afecciones cutáneas. Además estimulan el apetito. También por la miel.

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