El Correo

Durango suena a historia

Arco de Santa Ana.
Arco de Santa Ana.
  • Tres visitas audioguiadas acercan la villa de Durango al visitante y le llevan en un fascinante viaje en el tiempo desde la Edad Media hasta el bombardeo del 37

Una serpiente enrosca su cuerpo alrededor de la Cruz de Kurutziaga, un reptil con cabeza de mujer, símbolo de la tentación. Abraza sigilosa la pieza gótica tallada sobre arenisca entre finales del siglo XV y principios del XVI, constriñendo bajo su protección este Monumento Histórico Artístico. Los vecinos de Durango conocen bien la escultura que durante años permaneció expuesta en sus calles. Con el fin de preservarla, en 2008 se trasladó a la ermita de la Vera Cruz –Museo Kurutzesantu–, que desde el pasado mes de septiembre alberga también la sede de la Oficina de Turismo local.

La excursión por la villa propuesta en este reportaje parte desde esa oficina. Allí habrá que pedir la audioguía y el mapa que sirven para conocer el enclave durangarra acompañados por las voces y sonidos del pasado, por el fluir del río, los juegos de los niños en la plaza o los motores de los Savoias italianos sobrevolando la localidad antes de expulsar sobre ella su carga asesina durante el bombardeo de 1937. En ese mismo lugar podrá admirar el visitante el crucero, previamente a la ruta exterior. Admirarlo y escuchar sus orígenes gracias a otra alocución. Incluso asistir a una visita en lenguaje de signos para grupos –en este último caso es necesario reservar–.

«¿Y esta preciosidad, de dónde viene?», es la pregunta repetida a la que desde esta semana ofrecen nueva respuesta tecnológica. Aunque el centro expositivo existe para aclarar la duda, los responsables de turismo han decidido que conocer de oídas la historia perpetuará su importancia. Durante los diez minutos de grabación, el visitante paseará sus ojos por el fuste, donde el reptil ahoga con su rizo las escenas de Adán y Eva en el Paraíso. Por el tambor en el que los doce apóstoles representan la verdadera fe. Por el crucero sobre cuyo calvario sol y luna, Cristo y Virgen, dominan el universo. Habrá recorrido así la senda cristiana desde el pecado y el castigo hasta el perdón y la salvación.

Escuchará además el turista uno de los episodios más traumáticos de la villa en la Edad Media, el de 'Los herejes de Durango'. Cuenta el relato que vecinos seguidores del franciscano Alfonso de Mella perecieron en la hoguera, condenados por la Iglesia y la Corona. Su delito: comulgar con las ideas de este religioso enfrentado a la jerarquía eclesiástica, defensor del voto de pobreza y de la Edad del Espíritu que acabaría con el orden establecido. Aunque la Cruz de Kurutziaga pudo nacer como un símbolo más de devoción al catolicismo, son muchos los que asocian su talla a un intento de demostrar la fe de quienes sobrevivieron a esta persecución.

La única torre en pie

Tras la visita de treinta minutos por el museo, que ampliará la información sobre esta obra de arte, es hora de salir a la calle. Un plano guía al caminante hacia el punto de partida, Lariz Torre. Única torre en pie de las cinco con las que contaba la localidad en el Medievo, perteneció a la familia Lariz, que con visión de negocio decidió ubicarla junto a una de las entradas para mercancías y personas. Conocidos sus usos, avanzará el recién llegado hacia el cruce de Artekalea y la Plaza de Santa Ana, siguiendo el flujo de la corriente. Es ese espacio uno de los más vivos de Durango, repleto de palpitares y bullicio. La villa emergió allí, robando al cauce del río Mañaria su hueco, desviándolo y rellenándolo después. Su muralla delimitaba la zona intramuros de la tierra llana, repleta de anteiglesias. A través de la Puerta del Mercado, los viajeros seguían la senda hacia Álava.

Uno de los ayuntamientos más bellos de Bizkaia espera en el próximo punto. La imaginación deberá mostrar aquí sus habilidades para trasladarnos hasta los años en los que solo cuatro calles dibujaban el trazado, cuatro aberturas con forma de óvalo cortadas por un cantón trasversal. Casas de diseño irregular, animales, carros o mostradores ocupaban cada centímetro… y el aire con su hedor. Hasta que los años ordenaron el desbarajuste y la desgracia alivió alguno de esos tumultuosos enclaves, primero con un incendio en 1554 y después con las bombas, durante la guerra civil.

El corazón de la villa

El recinto de la muralla había quedado pequeño. El turista conoce ahora el primero de los cinco arrabales que se contabilizaban a finales del siglo XV, el que ocupaba la zona actual de Sanagustinalde. Allí se encuentran el Palacio de Etxezarreta, Museo de Arte e Historia de Durango -hasta el 1 de mayo hay exposición de grabados originales de Picasso, 'Picasso: de Durango a Guernica', con entrada gratuita-, y el Convento de San Agustín, Centro Cultural. La Plaza Ezkurdi, corazón de la villa, ocupa la antigua parcela repleta de olmos cuya sombra protegía a quienes marchaban hacia Bilbao por el Camino Real. Sobre su tierra nació el Arrabal del Olmedal, donde desde finales del XIX la burguesía levantó edificios historicistas y regionalistas. En uno residiría Casto de Zabala, autor de la primera cruz del Gorbea.

Allí hay más que ver pero quien quiera hacerlo deberá completar la ruta. En Andra Mari Kalea el agua acompaña de nuevo el trayecto pues existía un molino que observó Isabel la Católica junto a su hija Juana en 1483. Tras dejar atrás a una reina llega otra, la basílica de Santa María de Uribarri. Su monumentalidad la sitúa como una de las más relevantes de la provincia. Cerca, la Fuente de Kurutziaga fue la primera en traer agua del manantial de Gallanda. En este entorno permaneció la famosa cruz que ya conocemos.

Al avanzar hacia Kurutziaga Kalea los inmuebles muestran heridas de guerra. Muros dañados por la metralla recuerdan la senda elegida por las batidas que los días 31 de marzo y 2 y 4 de abril de 1937 acabaron con 400 personas, afectando a 234 edificios y destruyendo 71. En Kalebarria, los talleres de cuero, telas, transformación de hierro, cuadras, almacenes y huertas ganaban su particular batalla a las casas, en una zona inundada frecuentemente, lo que hacía difícil su habitabilidad. Era tan febril la marcha de las cofradías que hasta no hace mucho la palabra 'duranguier' servía para nombrar a los trabajadores de la lana en Iparralde.

La plaza Balbino Garitonandia, antiguo asentamiento popular, alberga la escultura de los 'Zezenak Dira', tradición con más de cuatrocientos años en la que, durante los festejos de octubre, se suelta al toro con una cuerda atada al cuello para llevarlo hasta la plaza de Santa Ana. Hasta ella regresamos a la vera del río, para finalizar en el Arrabal de Pinondo, que debe su nombre a un pino bajo el que se impartía justicia. Despiden la ruta el Palacio Neoclásico de Pinondo, el Palacio de Astarloa y la Casa Orue, corte y cuartel general de Don Carlos durante la Primera Guerra Carlista.

DÓNDE COMER

Menús y carta esperan en el Restaurante Kukutze, incluido el de chuletón si apetece dar trabajo a la muela. Ollita de hongos, chipirones rellenos, rape sobre fideuá de bacón, mousse de chocolate picante… Las exquisiteces a elegir se acumulan.

Askatasun Etorbidea 19, Durango. 944 65 73 88. www.restaurantekukutze.com

DÓNDE DORMIR

Cuatro estrellas alumbran el firmamento del Gran Hotel Durango, una apuesta segura para descansar. Ubicado en pleno centro, dentro de lo que fue un coqueto palacio del siglo XX, dispone de SPA recién estrenado, piscina exterior y un restaurante en el que disfrutar de la buena mesa. Muy recomendable.

Gasteiz Bidea 2, Durango. 94 621 75 80. www.granhoteldurango.com

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