El Correo
Los secretos de una Guinness perfecta

Los secretos de una Guinness perfecta

  • La conocida stout irlandesa no se puede servir de cualquier manera, aunque el truco para que esté buena es que sea fresca

Una de las claves del éxito de la Guinness está en que han sabido vender su particular tirado en dos fases como si de un ritual mágico se tratara. No les falta razón. Si no se tira así, el resultado vale poco. La peculiaridad de la stout dublinesa está en que el cañero no le añade carbónico, como es normal en el resto de cervezas. La Guinness lleva nitrógeno. Gracias a ello se forma esa espectacular crema blanca. La espuma es lo que hace un jabón en el agua.

Servirla es sencillo. Se llena la pinta hasta la altura del logo de la marca, por eso está en ese lugar del vaso, se espera a que se estabilice por la alta presión a la que sale, y una vez que es negra y opaca se termina de colocar el níveo giste, en el que algunos barman dibujan un trébol.

El truco para que la Guinness tenga su característico sabor, sin embargo, no es ese. Es mucho más sencillo. Tiempo y temperatura. Uno de los problemas de la internacional stout, por más que sea un producto superindustrial, del que no se reconocen todos sus ingredientes y que está completamente filtrada y pasteurizada es que se oxida muy muy rápido. Una vez pinchado el barril, en contacto con el ambiente, la Guinness no mantiene su sabor más allá de tres días. Lo ideal es consumir un barril por jornada. Además es fácil de detectar hasta para los paladares más toscos. Se avinagra.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate