El Correo

Cuatro rincones de Álava donde sentir la llegada de la primavera

El hayedo de Otzarreta.
El hayedo de Otzarreta. / José Antonio Barrenetxea
  • Bosques propios de cuentos fantásticos, desfiladeros imposibles, fortalezas medievales rodeadas de naturaleza y valles con encanto. Algunas alternativas para disfrutar del territorio a cielo abierto

Estas últimas semanas, Álava ha disfrutado de temperaturas primaverales, entre 5 y 7 grados por encima del valor medio para esta época del año, según apuntan los meteorólogos. Para sintetizar el fenómeno los expertos en temas del clima han expresado que «la primavera se ha adelantado», pero en el territorio alavés, la cultura popular dice que «hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo», lo que deja bien claro que tras este periodo de buenas temperaturas volverá el frío y el todavía algo de crudo inverno.

Mientras eso sucede, este fin de semana los termómetros no bajarán de cinco grados y podrían rozar los 20 grados de máxima, por lo que se prevén unos días perfectos para respirar aire puro sin salir del territorio. Mientras los árboles más tempranos ya florecen, en ciertos puntos de Álava, en los que el invierno es más templado, la naturaleza se encuentra en plena ebullición. A continuación detallamos cuatro rincones alaveses en los que es posible sentir la llegada de la primavera.

1.-Aramaio

Uno de los rincones más templados de Álava es Aramaio, donde el clima mediterráneo continental se toca con el cantábrico y predominan los inviernos suaves. La abundante lluvia mantiene verdes los valles de esta zona donde predominan los prados, frecuentados por ovejas, y donde se elaboran riquísimos quesos con denominación de origen Idiazabal.

Aramaio es un pueblo lleno de contrastes con paisajes llenos de montes poblados de pinos y prados salpicados por caseríos diseminados en barrios. Además tiene cuevas, ermitas, edificios con historia, parques y riachuelos, que ofrecen un espectáculo diferente al de la Llanada. El Ayuntamiento de la localidad facilita mapas para ver lo más destacado en la visita al municipio, que bien puede acabarse en la sidrería Iturrieta, ya que estamos en plena temporada.

2.-Valderejo

La segunda de nuestras sugerencias es el Parque Natural de Valderejo que en 2017 cumple 25 años de existencia. Aunque hay actividades programadas durante todo el año, los actos centrales se desarrollarán el 20 y 21 de mayo, días en los que todos los aficionados a la montaña y a la naturaleza están invitados a disfrutar de dos días de puertas abiertas. Visitas guiadas, actividades para el público infantil, talleres para construir cajas-nido, una suelta de aves y una comida popular en Lalastra, son algunas de las propuestas para dar a conocer este espacio natural que «ha pasado de ser el gran desconocido a convertirse en uno de los favoritos de la población vasca», según ha indicado recientemente el diputado foral de Medio Ambiente.

La celebración del cumpleaños llevará hasta el más pequeño de los cinco parques naturales alaveses a muchos amantes de la naturaleza. Antes de que los caminos y sendas se llenen de caminantes, estos días cercanos al principio de la primavera son un buen momento para conocer algunos de los parajes más bellos de Valderejo, enmarcados entre las Sierras de Árcena y Bóveda, como es el desfililadero del río Purón. Además, es posible descubrir especies protegidas de flora y fauna, como el alimoche o el buitre leonado –emblema del parque-.

3.-Hayedo de Otzarreta

Del parque natural más pequeño de Álava, al más grande, el del Gorbea (20.000 hectáreas). Este espacio alberga diferentes y excepcionales paisajes, donde uno de ellos es el hayedo de Otzarreta, que se encuentra a medio camino entre Álava y Bizkaia. Lo más curioso de este bosque es que las ramas de las hayas crecen hacia el cielo, cuando lo normal es que crezcan de forma horizontal. La razón es que estos árboles fueron explotados para conseguir carbón, actividad que convirtió al bosque en un hayedo trasmocho.

El hayedo de Otzarreta.

El hayedo de Otzarreta. / Jose Antonio Barrenetxea

Estas hayas trasmochadas son un vestigio de lo que fueron los hayedos hasta hace medio siglo, un lugar en el que todos los otoños, se cortaban sus ramas para preparar la leña de las carboneras. Las hayas 'mutiladas', sus ramas ascendentes, el arroyo y el abundante musgo hacen del lugar un sitio de una belleza casi imposible, con una luz y un colorido inspiradores del mejor relato fantástico.

En este hermoso rincón es posible captar varias estaciones del año en un solo día. Los restos de la hojarasca inerte, caída durante el otoño, permanece todavía bajo las ramas de las hayas que ya muestran su primeros brotes verdes. Sin embargo, en estas fechas, el mayor contraste es el de la rojiza tierra arcillosa con el del verdor del musgo y la cristalina transparencia del arroyo Zubizabala.

Para llegar a este fantástico lugar hay que llegar hasta el alto de Barazar y caminar por una pista marcada como PR/GR que parte desde el antiguo restaurante Bengoetxea. Al llegar a un cruce hay que girar a la izquierda para llegar al bosque de Otzarreta, que está señalizado.

4.-Jardín Botánico de Santa Catalina

El Jardín Botánico de Santa Catalina, junto a las ruinas del palacio-convento.

El Jardín Botánico de Santa Catalina, junto a las ruinas del palacio-convento. / Igor Aizpuru

Si en algún lugar es posible sentir la naturaleza en ebullición ese es un jardín botánico, más aún si está ubicado en plena naturaleza. El recinto de Santa Catalina se encuentra en las ruinas del palacio-convento del mismo nombre y está situado a media ladera de la Sierra de Badaia, a unos 500 metros de la localidad de Trespuentes.

El recinto de Santa Catalina alberga una gran cantidad de especies y cuenta con un juego que hace más divertida la visita de los más pequeños. Además de naturaleza, el lugar cuenta con una dilatada historia y fue designado como «primer parque estelar del mundo», desde el que contemplar el firmamento en noches despejadas.

Antes de que se convirtiera en monasterio, en el siglo XV, fue una casa torre construida en el siglo XIII por la familia más poderosa de la zona, los Iruña. Siglo y medio después cambiaron su residencia a Vitoria y cedieron su vieja morada a la orden religiosa de los Jerónimos. Pocos años después pasó a manos de los monjes agustinos, que fueron los que costruyeron el monasterio de Santa Catalina, y conservaron la vieja torre, a la que adosaron una iglesia con su correspondiente claustro.

En 1835 con la desamortización de Mendizábal fue desocupado. En la primera guerra carlista fue reconvertido en cuartel de las tropas del pretendiente Carlos pero, tras la caída de esta fortaleza los carlistas la incendiaron y dejaron ambos edificios convertidos en ruinas, que el paso de los años ha deteriorado más todavía.

En los 90 del pasado siglo se proyectó el jardín botánico y en el año 2003 era ya una realidad. El proyecto arquitectónico, además, ha empleado madera en algunas partes que corrían peligro de desplomarse y se han colocado pasarelas y escaleras para poder disfrutar del conjunto a diferentes alturas, así como de las magníficas vistas de la Llanada. Tanto el recinto histórico como el jardin botánico, preven su reapertura el 21 de marzo, una vez pasado el invierno.

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