El Correo

Los muros pintados de Angulema

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Blake y Mortimer 'conversan' en una fachada de Angulema. / Philippe B.

  • La ciudad hermana de Vitoria comparte con la capital alavesa su gusto por los murales, que también decoran numerosos rincones y fachadas de la localidad francesa

En un intento por restañar las heridas que siempre causa y deja abiertas cualquier conflicto bélico, brotó en Europa, tras la Segunda Guerra Mundial, el concepto de hermanamiento. Mediante esa vía se buscaba estrechar lazos y vínculos de unión entre diversas culturas, así como gestar acuerdos y proyectos entre poblaciones en beneficio mutuo. Fruto de ese renacido sentimiento de fraternidad, Vitoria y Angulema, dos localidades situadas a uno y otro lado de los Pirineos, dieron el paso de formalizar su ‘parentesco’ hace ya medio siglo. Ahí es nada.

Durante estos últimos cincuenta años, ambas ciudades han desarrollado múltiples actividades conjuntas como el intercambio de alumnos de numerosos colegios, visitas de carácter cultural o programas veraniegos de juventud y, más recientemente, otros más enfocados hacia el intercambio de conocimientos y contactos entre asociaciones vinculadas al diseño y la producción audiovisual de la capital alavesa con su hermana gala.

Estas cuestiones, sin embargo, no son las únicas que unen a ambos municipios. Hay otros elementos comunes que quizá son más desconocidos, aunque resultan ser curiosos. Y para muestra, un botón. Tanto Angulema como Vitoria comparten su afición y gusto por los murales. Si la capital alavesa presume de ser ‘La ciudad pintada’, gracias al arte colaborativo que ha plasmado sus frutos en el Casco Medieval y en el barrio de Zaramaga, la urbe francesa también cuenta con su propia ruta muralística desde hace casi dos décadas.

Podría decirse que Angulema, cuyo nombre va indisolublemente unido a su célebre Festival Internacional del Cómic –el salón especializado más importante de Europa, que precisamente tiene lugar este fin de semana- ve cómo muchas de sus fachadas se han convertido en lienzos donde contar historias, que recuperan a míticos personajes de las viñetas, también como una forma de homenajear a sus creadores.

Así, el llamado noveno arte se respira por todos sus rincones. Quien pasea por sus vías, plazas y bulevares se sorprende al ver las placas que señalizan las calles que, en muchos casos, rinden tributo a famosos dibujantes como Hergé, padre de Tintín, o Goscinny, uno de los creadores de las peripecias de Astérix, Obélix y ‘esos locos romanos’.

Muchos otros personajes de viñeta son los que han saltado de las páginas de papel a las paredes. De hecho, son ya veinticuatro los murales de grandes dimensiones localizados por el centro y los barrios periféricos de Angulema. Muchos de ellos son trampantojos. En otras palabras, se han pintado con una técnica pictórica que intenta engañar a la vista, jugando con el entorno arquitectónico.

Se da la circunstancia de que algunas de esas piezas de arte urbano han sido diseñadas por historietistas de renombre como Max Cabanes, Julliard, Yslaire, Florence Cestac, Zep, François Walthéry o Franquin, por citar sólo a algunos. Fruto de su imaginación e ingenio han surgido murales llenos de fantasía y humor que sorprenden a los visitantes e insuflan vida y color a paredes que, sin esos dibujos, pasarían totalmente desapercibidas.

A la vuelta de la esquina, cualquiera se puede encontrar con Lucky Luke, Jolly Jumper, su inseparable caballo, y los forajidos más torpes del viejo Oeste: Joe, William, Jack y Averell, los famosos hermanos Dalton. Asomándose también por la ventana surgen las figuras de Blake y Mortimer, los míticos personajes de cómic creados en 1946 por el belga Edgar P. Jacobs.

En los murales, tampoco falta Titeuf, el niño con cabeza de huevo y una visión hilarante del mundo de los adultos e ‘hijo’ de Philippe Chappuis (Zep) desde 1922. Y, a pie de calle, el paseante casi puede darse de bruces con Natacha, la azafata creada por François Walthéry, que, junto a su colega Walter, se enfrenta a terroristas, espías o secuestradores de aviones.

Otros muros regalan a la vista jardines extraordinarios, estampas románticas, así como homenajes al teatro, la música y la propia historia de Angulema. Antes de convertirse en una urbe de imágenes y cómics, la ‘hermana’ de Vitoria era una ciudad muy conocida por el papel gracias a las fábricas, situadas en las orillas del río Charante, donde lo elaboraban. El mural ‘Avec le Temps’, diseñado por François Schuiten en 1998, recuerda ese vínculo con la industria papelera y de embalajes.

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