Un pequeño pueblo cercano a Génova llamado Cogoleto ha causado un incidente diplomático porque se ha confabulado para esconder a una niña bielorrusa acogida durante el verano y evitar así que las autoridades italianas la devuelvan a su país. Los 7.000 vecinos se han aliado con la pareja que la ha cuidado, que se niega a entregarla porque mantiene que la pequeña, de nueve años, ha sufrido abusos y malos tratos en el orfanato de Vileika, donde vive el resto del año. María, nombre con el que ha sido bautizada por la prensa, es una de los 30.000 'niños de Chernóbil' que desde hace años pasan las vacaciones en Italia, al igual que sucede en España, pero el Gobierno de Bielorrusia anunció ayer, como protesta ante este «secuestro», el bloqueo de esta iniciativa y de todas las adopciones en Italia.
La familia de acogida, que lleva cuatro años alojando a la niña y ya tenía sospechas desde 2004, ha aportado exámenes médicos y psicoterapéuticos, además de los terribles dibujos y relatos de la pequeña. Según su testimonio, la pequeña era atada desnuda en una silla por otros chicos mayores del centro y recibía golpes, mordiscos y quemaduras. Los padres adoptivos se han decidido a tomar cartas en el asunto y presentaron una petición de asilo ante la situación extrema que han vivido este verano: María ha hablado de suicidarse y de hecho ha cometido algunos ingenuos intentos porque no quería volver a su país. Al llegar ya tenía unas cuchillas que había robado en el orfanato «para cortarse y hacer salir mucha sangre», según relata la pareja. Un día en la playa amenazó con beber mucha agua salada para envenenarse y en una ocasión tuvo que ser rescatada del agua por un vigilante. «Si me convierto en un ángel nadie me podrá hacer daño y me quedaré para siempre con mis padres», le confesó al psicólogo.
No obstante, el Tribunal de Menores de Génova ordenó que la pequeña fuera trasladada a un centro y luego enviada a su país. En ese momento, la pareja decidió esconder a la niña y acudir a la prensa. El embajador bielorruso en Roma ha viajado a la localidad y se ha reunido con los padres adoptivos para garantizarles que la pequeña será bien atendida, pero no ha logrado convencerles. Hasta el cura del pueblo apoya esta improvisada sublevación popular y también dos parlamentarios, de ideologías opuestas, que residen en el municipio. Nadie suelta prenda de dónde puede estar escondida y, la verdad, tanto el alcalde como los Carabinieri reconocen que no la buscan con mucho interés.