El 'modelo Piterman' ha engullido a un nuevo entrenador en dos jornadas. Julio Bañuelos tomó la decisión de dejar el Alavés después de mantener durante las últimas horas insalvables diferencias con el ucraniano, según confirmaron fuentes solventes. El presidente y el técnico, no obstante, se subieron por la tarde a la tarima de la sala de prensa de Mendizorroza para escenificar una 'dimisión' por «motivos personales».
Después de una pretemporada donde la escasa participación de Piterman en el día a día del equipo permitió al cuerpo técnico planificar sin cortapisas, el inicio de la competición sirvió para volver a la situación anterior. El máximo accionista comenzó a enviar sugerencias sobre la alineación y a poner en cuestión el trabajo táctico de Bañuelos, que pese a ello siguió con sus ideas.
Pero tras la derrota en La Rosaleda -un punto en dos encuentros- Piterman citó el lunes al técnico en el club después del entrenamiento en Ibaia. Allí, junto al resto de la comisión deportiva y durante alrededor de tres horas, el máximo dirigente alavesista se explayó en sus críticas. Entre otras cuestiones, planteó que el equipo no está bien trabajado tácticamente, que el sistema de juego debe continuar con un repliegue intensivo en campo propio para buscar el contragolpe y cuestionó asimismo las posiciones que deben ocupar los delanteros en el campo.
Un lunes decisivo
La consecuencia de las críticas directas a la labor de Bañuelos se saldaron con unas diferencias de tal calibre que el técnico estaba ya prácticamente fuera del equipo en la tarde del lunes. Horas más tarde el presidente albiazul volvió a contactar con el todavía entrenador para conocer si existía un cambio por su parte -avenirse a sus dictados, en definitiva- y volvió a recibir otra negativa. En ese momento ya le planteó que la única salida era la ruptura de la relación contractual. A partir de ahí se buscaron soluciones para el finiquito y las formas de anunciar la noticia. Finalmente se apostó por vender una 'dimisión' para satisfacer a todas las partes.
Así sucedió ayer en Mendizorroza. Con gesto serio por parte de Bañuelos y bromas de Piterman comenzó la rueda de prensa convocada por el club a las siete de la tarde. El presidente anunció primero la «dimisión por motivos personales» y el acuerdo para la «rescisión del contrato». El entrenador, después de agradecer la oportunidad recibida, corroboró sólo a medias la teoría del presidente. «Son motivos personales, aunque en ello influyen muchas cosas. No quiero profundizar, pero son momentos muy difíciles», apuntó. Unas palabras que ya presagiaban la tormenta interna.
Si en su día Juan Carlos Oliva habló públicamente de sus discrepancias con Piterman después de ser destituido en el mejor momento deportivo del Alavés la pasada temporada, ayer Julio Bañuelos decidió morderse la lengua. «Llegué al club sin ruido y me quiero ir sin ruido», precisó.
«No buscar fuera»
Y es que han sido apenas tres meses y medio desde su ascenso desde el filial de Segunda B al primer equipo. Una opción que, con su escasa experiencia, sólo podía darse dentro del 'modelo Piterman'. Ése que acabó la pasada campaña con Mario Luna en el banquillo. Y que ahora llevará de nuevo a Chuchi Cos a la dirección del equipo, como anunció el presidente, que no cree necesario «buscar fuera del club».
Piterman admitió que el cambio de técnico quizás no sea «lo óptimo» a estas alturas, pero considera que en la plantilla «los nuevos y los que quedan del año pasado saben cómo está la situación». En este sentido explicó que todo es «superable» y que los futbolistas «se acostumbran a todo». También afirmó que «valoraba» el trabajo realizado por Bañuelos en esta etapa y que los resultados de las dos primeras jornadas no habían provocado la 'dimisión'.
En realidad, lo único extraño es que Piterman todavía recurra a artificios para encubrir su faceta de entrenador y que algún técnico se crea un posible cambio.
f.r.esquide@diario-elcorreo.com