Querido Plutón: Sé muy bien cómo te sientes ahora que te han expulsado del Sistema Solar y que te han quitado el carné de planeta como a otros les quitan el carné por puntos y por la misma razón que a ti, o sea por no conducir a la debida velocidad. Sé que estarás jodido porque estas cosas hieren el orgullo aunque uno haga como que no le importan, aunque se lo haya estado buscando o ahora bromee citando a Groucho Marx y repitiendo lo de «nunca aceptaría entrar en un club donde admitan gentuza como yo». Sé que los planetas también tenéis vuestro corazoncito y vuestro amor propio. Sé que te sentirás como los despedidos del trabajo, como si hubieras tenido un contrato basura con el Sol que ahora hubiera finiquitado y por el cual no tuvieras derecho ni a una mísera indemnización, como los políticos dimitidos o defenestrados a los que se les abre un infame expediente, como los ejecutivos que un día tocan techo en su empresa y a los cuales ya se deja de promocionar, como los ciclistas a los que se les saca de una carrera por dopaje, como el PNV cuando le echaron de la Internacional Demócrata Cristiana, como un michelín del PNV. Un ejecutivo, un partido político, un miembro de un partido deben estar preparados para esas situaciones, pero ¿qué hace un planeta en el paro y teniéndose que buscar la vida por la Vía Láctea? La gente, los sindicatos, los compañeros de plantilla no se mueven por un planeta al que su sistema le ha puesto de patitas en la calle o en la galaxia. No me imagino, la verdad, a Júpiter ni a Saturno ni a Marte haciendo por ti una huelga de hambre ni detrás de una gran pancarta en la que pudieran leerse cosas como 'Solidaridad con Plutón', 'Plutón somos todos', 'Plutón readmisión'
Sé que lo estás pasando mal, amigo. Yo mismo he vivido situaciones como la tuya y puedo asegurarte que hay veces en la vida en que expulsándote de determinados sitios te hacen sin proponérselo un impagable favor. La expulsión es la experiencia fundamental y fundacional de la existencia. A los humanos nos han echado doblemente de un vientre y del Paraíso. Sospecho que en ambos casos pasó lo mejor que nos podía pasar. Sospecho que el Edén era un tostón y que Eva hizo lo que había que hacer. Cuando a mí me expulsaron de clase la primera vez en el colegio creí que se me caía el mundo encima hasta que de repente vi en la galería a otro, a dos, a tres expulsados de sus respectivas clases e inicié con ellos unas grandes amistades que aún conservo y unas divertidas aventuras que todavía recuerdo. Yo te digo, Plutón, hermano mío, que todo lo que merece aprenderse en la vida está siempre en la galería y fuera de clase, incluidas la verdadera amistad y la aventura cuya luz es más cegadora que el Sol.