El alcalde de Vitoria, Alfonso Alonso, salió ayer al paso de las críticas de la oposición ante la polémica generada por los adjudicatarios de 354 pisos de Zabalgana que denuncian que sus cooperativas les exigen hasta 210.000 euros por sus viviendas. Al ser protegidas, el precio debería rondar los 120.000 euros, lonjas aparte. El primer edil dijo que «una posible vía de solución» sería «transformar» esas viviendas en tasadas. Eso permitiría escriturarlas por el valor final que pagarán sus propietarios.
En todo caso, Alonso aseguró que «es prematuro» aventurar una solución al conflicto porque los técnicos municipales barajan «varias posibilidades». Entre ellas, añadió, está hablar con los responsables de las cooperativas para «cuadrar las cifras» de esos pisos, dado que las entidades gestoras alegan que la complejidad del proyecto y la calidad de los materiales «han disparado» los costes. Por todo ello, el alcalde ha convocado una reunión extraordinaria de la sociedad municipal Ensanche 21 -que lideró la promoción y realizó el sorteo- para abordar esta cuestión.
Las 354 viviendas, sorteadas en febrero de 2005, se edificarán en las ocho torres que formarán la denominada plaza porticada de Zabalgana. El primer edil dijo que su gabinete estudiaba el encarecimiento de estos pisos «desde hace tiempo» y reconoció que el incremento «es muy importante».
Alonso aprovechó para anunciar que el Ayuntamiento tiene preparada una ordenanza municipal que regulará los pisos tasados. Así, el Consistorio será «el primero del País Vasco» en adecuarse a la nueva Ley de Suelo vasca.
«Hay que actuar ya»
Por su parte, el portavoz del PSE, Patxi Lazcoz, exigió al alcalde que solvente «ya» esta polémica y que «trabaje con el mismo interés que ha puesto en la nueva plaza de toros». Lazcoz dijo que su grupo estará «de guardia» todo el mes de agosto porque el encarecimiento de estos pisos «es una barbaridad y un intento de abuso intolerable».
El edil socialista puso como ejemplo que un arquitecto cobrará 480.000 euros por revisar el proyecto. «No tiene ninguna justificación», criticó.