En su carta publicada el 31 de julio, Alejandro García, de las Juventudes Comunistas, aunque no justifica las matanzas de religiosos, sacerdotes y simples fieles católicos durante la Guerra Civil, sí la explica por el alineamiento del clero a favor del bando de los sublevados.
Olvida dicha carta que las matanzas y las quemas de conventos empezaron antes. No sólo ya las hubo cuando se proclamó la II República, es que la costumbre de la izquierda de 'celebrar' ciertos hitos con quemas de iglesias y conventos se remonta incluso al siglo XIX. El anticatolicismo de los comunistas e incluso de republicanos 'moderados' procede de una descalificación ideológica radical de la Iglesia, -'opio del pueblo', según unos; causante del 'atraso' de España, según otros- y no de una toma de postura en una sublevación posterior y cuyo apoyo popular no se puede explicar sin el hostigamiento previo al que los católicos habían sido sometidos. La frase 'todas las iglesias de Madrid no valen la sangre de un republicano' que Azaña pronunció para justificar la impasibilidad de la fuerza pública ante la quema de iglesias y conventos, no es posterior, sino muy anterior a una sublevación que esta carta tampoco pretende justificar.