A Jaime Tejedor, presidente de la Federación de Cofradías de Pescadores de Guipúzcoa, no le parece buena idea el sucedáneo. Al menos, por la repercusión que puede tener el nuevo invento para el sector que él representa, sensibilizado especialmente desde hace dos años con el tema de la anchoa. «Creo que se puede crear confusión en el mercado. Se venderá bien, la gente se acostumbrará a comerlas en ensaladas y luego no comprará las de verdad aunque se recuperen las capturas y bajen los precios; claro que nunca tanto como para llegar al sucedáneo. Puede tener una incidencia negativa para el pescador. No es buena idea», avisa.
Tampoco hace mucho caso a la «promesa de que se fabricarán con otras especies capturadas por los arrantzales». «El primer año quizás sí las compren aquí, pero en un año estarán cogiéndoselas a Marruecos, donde son tres veces más baratas».
Ante la imposibilidad de luchar contra la evidencia, al menos pide que cada cosa «se venda con su nombre y apellido bien claro. Porque, por poner un ejemplo, hay muchas latas que llevan escrito 'anchoa del cantábrico' y luego, en letra muy pequeñita, pone 'de Marruecos'.
Ante la crisis que amenaza por todas partes, los arrantzales apoyan, por boca de Tejedor, el cierre de los caladeros «hasta la recuperación de la especie», piden compensaciones por «la reducción de ingresos» a causa de la escasez, así como pergeñar en el ámbito europeo un «plan de gestión de futuro de la anchoa». Para ello, exigen que las opiniones científicas prevalezcan sobre las políticas, un mayor control de las capturas, y «conocer el mar más a fondo».