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Jueves, 13 de julio de 2006
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POLÍTICA
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Otegi dice que no le «consta» que existan compromisos entre ETA y el Gobierno
Niega que Batasuna prepare un cambio de siglas para legalizarse y tilda de «sandez» la alusión de Imaz a divisiones en la izquierda abertzale Los socialistas vascos, que descartan una crisis, apelan a la serenidad
Otegi dice que no le «consta» que existan compromisos entre ETA y el Gobierno
Patxi López y Rodolfo Ares, a la izquierda, en la reunión con los miembros de Batasuna Rufi Etxeberria, Arnaldo Otegi y Olatz Dañobeitia. / IGNACIO PÉREZ
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Arnaldo Otegi incrementó ayer la confusión que parece haberse adueñado del proceso de paz, después de que en apenas una semana Batasuna haya vuelto a elevar el listón de sus reivindicaciones para regresar a la legalidad y, sobre todo, a raíz de la información publicada por 'Gara' desvelando supuestos acuerdos entre ETA y el Gobierno previos al alto el fuego permanente de la organización terrorista. Preguntado al respecto en Herri Irratia, el portavoz de la formación abertzale dijo que no le «consta» la existencia de esos «compromisos» ni que se hayan planteado «en los términos en los que han aparecido en los medios de comunicación», a lo que añadió que el Ejecutivo tampoco ha llegado a ese tipo de pactos con su propio partido. Junto a ello, Otegi insistió en que Batasuna no prepara su legalización para septiembre con un cambio de siglas, aunque sí precisó que si encara ese debate lo hará «en casa» porque «nunca acuerda nada» sin que lo apruebe su militancia.

Las palabras del dirigente radical han incrementado el desconcierto que parece rodear en los últimos días el incipiente proceso de paz, que se ha embarullado en su superficie pública, paradójicamente, tras la histórica fotografía que reunió hace justo una semana en San Sebastián a Patxi López y al propio Otegi. Los socialistas vascos creen que lo dicho ayer por el portavoz de Batasuna resulta «ambivalente», porque si bien mantiene las reticencias sobre el modo de retornar a la legalidad, viene a «desmentir» la existencia de presuntos compromisos cerrados entre el Gobierno y ETA y sugiere un posible debate interno sobre la legalización; un camino que dirigentes abertzales se habían manifestado dispuestos a recorrer, en conversaciones discretas con los partidos, con un cambio de nombre y estatutos a la vuelta del verano.

El PSE, que insiste en que es responsabilidad de Batasuna ajustarse a la Ley de Partidos porque el Gobierno no va a derogarla, atisba tras las palabras de Otegi y de otros dirigentes abertzales un intento de descargar presión y evitar la imagen de que adoptan sus decisiones «forzados por los demás». «Estamos en un momento de expectación y prudencia ante los pasos que vaya dando la izquierda abertzale. Les toca a ellos resolverlo», sostienen fuentes de la dirección socialista, que apelan a la serenidad con la convicción de que los acontecimientos de la última semana no van a poner en peligro la ruta hacia el final de la violencia y tampoco tienen por qué retrasar los contactos oficiales entre ETA y los emisarios del Gobierno.

En igualdad

Ayer, Otegi se esforzó en subrayar que lo relevante no es si el Gobierno está incumpliendo supuestos compromisos o no, sino «corroborar que, cuatro meses después de la existencia de un alto el fuego permanente, se siguen desarrollando actividades judiciales y policiales que no tienen ningún sentido». El portavoz abertzale, que enmarcó en ese contexto los sumarios abiertos en la Audiencia Nacional o la resolución del Tribunal Constitucional que confirma su propia condena por injurias graves al Rey, reiteró que la izquierda radical no afronta este «proceso de soluciones» en «condiciones de igualdad» y exigió «respeto» para Batasuna sin que eso signifique, agregó, «pedir impunidad».

«¿Quien puede tener alguna duda de que la izquierda abertzale tiene voluntad de que esto llegue al final de manera satisfactoria cuando estamos aguantando todo esto?», se preguntó Otegi, quien volvió a valorar el compromiso de Zapatero de que respeterá lo que los vascos decidan: la apelación del presidente a la legalidad significa, a su juicio, «no un límite a la voluntad de los vascos» sino «una garantía a sus derechos». No obstante, sí quiso desmentir dos asuntos delicados: que ETA siga pretendiendo tutelar los posibles acuerdos políticos -recalcó que ésa es tarea de los partidos- y la existencia de disensiones internas en su propio mundo. Aquí, tildó de «maldad» y «auténtica sandez» las palabras de Josu Jon Imaz apuntando abiertamente a esa posibilidad e ironizó con lo «osado» que le parece que el líder del PNV «hable de divisiones internas en otros partidos».

Distintos medios consultados, conocedores de la situación que afronta Batasuna, sí creen que el protagonismo de ETA despierta discrepancias en el seno de la coalición y dan por probado que al conjunto de la militancia, fuertemente ideologizada durante mucho tiempo, le está costando seguir los pasos de su dirección; lo que un observador identifica como el problema de «la adecuación de la fantasía» a la realidad de los hechos. Parte de esas fuentes sí constatan, junto a ello, la capacidad de la izquierda abertzale para hacer de su debilidad virtud y ven incluso factible que airee zozobras internas buscando, en realidad, presionar al Gobierno.



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