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Martes, 11 de julio de 2006
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VIZCAYA
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La fe gana a los puntos
200 camiones y coches 'peregrinan' a la parroquia de San Cristóbal, en Portugalete, para pedir protección al patrón de los conductores
La fe gana a los puntos
DISFRAZADOS. Un camión 'vestido' de pirata recibe la bendición del sacerdote. / PEDRO URRESTI
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LA TRADICIÓN
Procesión: La mayoría de los camioneros realizaron una procesión por carretera desde Zorroza.

Decoración: Todos los participantes visten sus vehículos con las mejores galas. Primaron las flores y los globos.

Bendición: Los devotos esperaron pacientemente en una cola que llegaba hasta Sestao para que el sacerdote vertiese el agua bendita sobre sus vehículos.

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La Dirección General de Tráfico asegura que el recién estrenado carné por puntos conseguirá reducir drásticamente la siniestralidad en las carreteras, pero los conductores no lo ven tan claro. «Estas cosas quedan muy bien en un titular, pero no te salvan la vida», aseguraba Antonio desde la cabina de su camión. Por eso, muchos prefirieron ayer mantener la tradición de ser bendecidos por San Cristóbal, «que un año sin accidentes bien vale una procesión».

Nicolás Vadillo es un fiel devoto del patrón de los conductores y no falta nunca a la cita. Este taxista de Portugalete sólo falló una vez «y sigo aquí de milagro». «Hace dos años me llamaron para hacer un servicio cuando ya estaba en la cola y, como me daba tiempo, fui a cubrirlo», recuerda. Al ver que se le hacía tarde, pidió permiso al cliente para desviarse de la ruta y cumplir con la tradición en la parroquia de Repélega, «pero llegué tarde y no pude bendecir el coche». Poco después chocaba contra la mediana en la autopista, «el único accidente en 20 años de carné, ocho al frente de un taxi». «No vuelvo a faltar nunca, seguro».

Oficio «sagrado»

Mientras Nicolás daba los últimos retoques a su taxi, «el número 4», pasó junto a él Margarita Sagredo, que se adelantó al párroco y le bendijo ella misma el vehículo. «El oficio de San Cristóbal es sagrado», le garantizó antes de dirigirse a la ermita para asistir a la misa en honor al santo.

«¿Como no voy a ser devota si mi marido trabajó con un camión y mis dos hijos están siempre al volante!», decía Margarita. «En 40 años he hecho millones de kilómetros sin ningún accidente grave», corroboraba su esposo.

Federico ve este mundo de la conducción desde el otro lado de la barrera. Como mecánico, intenta que los vehículos estén siempre en perfectas condiciones, pero también es voluntario de la DYA y ha tenido que cubrir accidentes realmente dramáticos. Sabe que cualquier ayuda es poca y ayer estaba con una furgoneta de la asociación esperando en la cola. «Para mí es una cuestión personal, pero la verdad es que ya he bendecido toda la flota de vehículos que tenemos en el puesto de Santurtzi», aseguraba. Devoción o no, la carretera ha respetado siempre su labor y es de los que se niegan a dejar la tradición.

Federico recuerda, sin embargo, que hace años el día de San Cristóbal se vivía con mayor ilusión y sentimiento. «Antes trabaja en Barakaldo y los talleres cerrábamos para celebrar esta fiesta y hasta organizábamos una suelta de vaquillas en Lasesarre, pero ahora sólo queda el acto religioso»

Al margen de los profesionales, también los jóvenes se encomendaron al santo en su estreno en la conducción. «Ocho puntos me parecen pocos y cualquier ayuda viene bien», aseguraba Ekaitz. Ellos sí le dieron un toque más festivo al momento y llenaron los coches con globos, cintas, «y todo lo que se nos ocurre».



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