«En el fondo, tiene corazón de gitano y le encanta. Creo que le gusta vivir en ese autobús más que nada», decía el escritor y actor Sam Shepard sobre Bob Dylan. Ese autobús negro y de cristales tintados permanecía ayer aparcado, junto con otros tres vehículos gemelos, en la puerta del Hotel María Cristina. En ellos habían llegado el músico estadounidense y su séquito a las cinco de la mañana, procedentes de Valladolid, en donde el artista ofreció el domingo el penúltimo concierto de su minigira española ante 4.000 personas que 'pasaron' de la final del Mundial para disfrutar de su música.
No se puede decir que la presencia del autor de 'All Along The Watchtower' despertara el interés de las masas en San Sebastián. De hecho, un vacío cósmico reinó durante la mayor parte del día, tanto en las dos entradas principales del hotel como en el hall. Dylan y los miembros de su equipo dedicaron la mañana y buena parte de la tarde a descansar en sus habitaciones. Se ignora su programa para hoy.
Toda la gira tiene un toque 'rarito' que el artista americano se ha encargado de cultivar durante sus últimas actuaciones. Se pasa todo el tiempo metido en el hotel, nadie le ve el pelo y las extravagancias se suceden. La última, en Valladolid, donde impidió la entrada a los fotógrafos que no daban crédito al veto promulgado por el músico.
Dylan, cuyo entorno advirtió desde el principio a la organización del concierto donostiarra que la logística de alojamiento y avituallamiento corrían a su cargo, ha reservado un comedor y una cocina en la cafetería de Martín Berasategui en el Kursaal. El menú, como la mayoría de las cosas que rodean la visita del artista, es una incógnita.
Un total de 590 personas, al margen de las policías municipal y autonómica, trabajan en la buena marcha del concierto por la paz en la playa de La Zurriola. Seguridad, atención médica, montaje de escenarios, instalación de luz y sonido, servicio de barras de bar y atención a los medios de comunicación son las principales tareas que les mantienen ocupados. Para todos aquellos que se acerquen a la capital guipuzcoana, la organización distribuirá 350.000 folletos informativos sobre el evento.
El escenario al que se subirá Dylan, de dieciséis metros de ancho por doce de fondo, contará con dos pantallas de vídeo a los lados, aunque el equipo del músico estadounidense exige que estén apagadas. Un tercer monitor, que se situará detrás de la mesa de sonido, sí podrá emitir imágenes mientras cante el rapsoda de Minessota.