Los nuevos inmigrantes sudamericanos no tienen necesidad de usar los albergues municipales. Pueden juntarse hasta 20 en un piso, pero nadie duerme al raso. Ángel Cáceres, presidente de la asociación ecuatoriana Aservi conoció el centro de acogida CMAS al llegar, pero ahora no deja que sus compatriotas pernocten ahí. Esa manta solidaria no existe en el caso de Manuel Vallecillo, español, y de Safi Eddine Boudra, argelino.
MANUEL VALLECILLO GALÁN
Málaga. 65 años. 26 años de calle
«Los albergues son una guarrería»
Cuenta una vida de película este malagueño de Gaucín, trompetista de una cofradía, ciclista aficionado, que llegó a Vitoria con 12 años y una maleta de madera. Con 16 ya trabajaba con su padre en la construcción de los embalses del Zadorra y después se fue a Alemania, fue cocinero de la marina mercante y conoció todos los mares. En 1980, su salud quebró y acabó de ciudad en ciudad, sin rumbo. Está en Vitoria para hacerse los papeles de la jubilación y como la ayuda social no le da para pensión y tabaco duerme en la calle. No quiere saber nada de albergues ni 'aterpes'. «Son una guarrería», protesta pero aspira a tener su cobijo. Ocupa la esquina de Dato con la plazuela de Renfe, donde se ha hecho muy popular. «He estado dos días en el hospital y la gente se ha preocupado». Duerme en un saco sobre las duras baldosas del suelo que machacan los huesos y los músculos. Pero él resiste junto a su carrito, su despertador y su bota de vino a la espera de una pensión.
SAFI EDDINE BOUDRA
Argelia.43 años. 16 años en España
«Sólo en España he dormido así»
Cuando llega la noche, Safi Eddine Boudra, que lleva una semana en Vitoria, coge unos cartones de la basura y busca un jardín y un árbol que le protejan de las miradas, cerca de la estación de autobuses. Sin equipaje, sin dinero, no teme que le roben. Por tener no tiene ni manta. Cuando llueve se mete en los soportales. Un jersey polar es lo único que le da calor. Asegura que ha pedido cobijo en los albergues pero no se lo dan porque le piden papeles que él no tiene. «Solo busco trabajo. He recorrido 24 países de Europa, África y Asia y solo en España he dormido en la calle», denuncia este antiguo soldado argelino que llama con ironía a este país «don cartón».