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Jueves, 22 de junio de 2006
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OPINIÓN/Fábula del enano y el gigante
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Yo creo que cuando ayer el presidente de turno de la UE y canciller austriaco, Wolfgang Schüssel, recordó que EE UU «nos dio de comer» en la posguerra se refería al queso y la leche en polvo que nos daban en la escuela. Alguien dejó dicho que el demonio es más diabólico cuando es respetable.

Bush llega a Europa, siempre, cuando suena la campana, obligado al rincón para tomar aliento. Acaba, según 'The Washington Post', de poner alerta su escudo antimisiles, que es un cruzado mágico para sacar el pecho ante Corea del Norte, mientras Irán le toma el pelo desde su diplomacia de dilación. Washington preserva el propio culo, mientras se llama a la solidaridad en la desgracia. Pero, que yo sepa, el Viejo Continente carece de elemento alguno de protección.

Desde la llegada de Bush al poder, las amenazas sobre Oriente Próximo y Lejano se ciernen inexorables sobre un mundo global; póntelo, pónselo. El riesgo terrorista es evidente, universal y compartido. El desastre de la guerra de Irak, una maldición que pesa sobre todos: los muertos sobre nuestras conciencias y su oportunidad sobre nuestro sentido ético y del ridículo. El conflicto entre israelíes y palestinos es hoy un infanticidio que lleva camino de superar el trágico saldo de la Intifada.

Las cumbres de Europa y Estados Unidos constatan que el mundo va un poco peor, en abundancia. Se acepta como normal que un misil con ojos capte como blanco a tres niños cuando está programado para abatir a activistas de Al-Aqsa o que -durante el feliz encuentro- el Ejército hebreo acabe con la vida de una embarazada de siete meses; que en Irak y ante las narices del nuevo Gobierno de 'salvación' (¿?) degüellen a dos jóvenes soldados americanos, amenacen con asesinar a cuatro rusos en la reserva del horror y secuestren a centenar y medio de trabajadores de una fábrica estatal. Queda Afganistán como una guerra inacabada, camino de hacerse eterna.

Tampoco es casualidad que Irán desafíe a una comunidad internacional desorientada. Hasta Corea del Norte se jacta de poseer un cohete de alcance con posibilidad de portar cabezas nucleares para atacar Estados Unidos.

Podría parecer una broma, pero va muy en serio: Europa hace de tonto útil en el centro de todas las mareas, ensimismada en su crisis de identidad, sin plantearse que nadie puede garantizar la selección del blanco después del 11-M en Madrid o el 7-J en Londres.

No es fácil, no, acercar Europa a Washington, con el empecinamiento de Guantánamo, la insinceridad de los vuelos de la CIA o la búsqueda de nuevas fuentes de energía cuando las petroleras americanas financian las campañas republicanas, a las que Bush se debe. El crédito de estas cumbres es maquillaje y desaparecerá cuando Bush y los padres de las patrias de Europa se vayan a la cama. Detrás, más bien abajo, quedamos los ciudadanos, sumidos en la misma zozobra que el día anterior al encuentro.

«El enano dispone de un medio excelente para ser mayor que el gigante: consiste en encaramarse sobre sus hombros» (Víctor Hugo). j.l.penalva@diario-elcorreo.com



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