Un anillo y otra gran estrella. Miami Heat puede seguir presumiendo. De su primer título de campeón en la historia de la franquicia y de la consagración de su escolta Dwyane Wade como el nuevo referente, el nuevo icono del olimpo de la canasta. Sus 36 puntos en el último partido de la serie frente a Dallas Mavericks, que refrendaban la remontada y el definitivo 4-2, fueron determinantes.
Pero, ante todo, su extraordinaria capacidad de liderazgo, de asumir los retos más exigentes, en una perfecta sintonía con Shaquille O'Neal y con Pat Riley. Son las tres aristas de un triángulo que esconde más vértices. Los de los Heat, los nuevos amos de la NBA.
Un triunfo fraguado con la calidad de una gran plantilla pero rematado desde el sufrimiento y la confianza que han tenido desde el primero momento. La que permite seguir creyendo y levantar un 0-2 en contra frente a unos Dallas favoritos y lanzados de la mano del inconmensurable Nowitzki. Los Celtics lo lograron en 1969 y Portland en 1977. Nadie más. Una filosofía aplicada también a los recorridos cortos. A la intrahistoria de cada partido.
Lo hizo durante la madrugada de ayer, cuando caía 12-26 en un fulgurante inicio de los de Avery Johnson. Porque donde otros tiemblan, Miami y Wade han gozado. El corazón todo lo puede.
Dos estrellas
Y la fórmula secreta de los Heat ha relucido toda la temporada. El químico Riley ha mezclado, con la maestría que otorgan cinco anillos, todos sus ingredientes. Sin estridencias. O'Neal y Wade -elegido indiscutible MVP de las Finales- son los principales. El gigante cumplió su palabra y ya tiene cuatro títulos en seis finales.
Ayer, castigado por las faltas prematuras, no estuvo demasiado bien. Pero daba igual. Wade salió al rescate de Miami para firmar otra actuación antológica. 36 puntos, diez rebotes, cinco asistencias, cuatro recuperaciones y tres tapones. Imparable. Nowitzki deberá esperar.
Pero además, alrededor de O'Neal y Wade, han orbitado una brillante nómina de 'secundarios' que lustran una plantilla de ensueño. Udonis Haslem, Antoine Walker, James Posey, Jason Williams, Gary Payton o el incombustible 'Zo' Mourning conforman un ejército implacable y agazapado. Cumplidor en ataque y dominador en defensa. Letal. Son las armas, el completo arsenal del nuevo campeón. Un equipo, con mayúsculas.
Dallas debe esperar
Mientras, el sueño de Dallas deberá aguardar una mejor ocasión. Y la habrá pronto, mientras Nowitzki siga al acecho. El alemán, autor de 29 puntos y 15 rebotes en el choque definitivo, ha confirmado esta temporada su condición de gran aspirante. Porque los Mavericks pueden pero, sobre todo, quieren. Y ya saben cuál es el camino para alcanzar el éxito. Esta derrota, dolorosa y cruel, reforzará el deseo del equipo que ha dirigido con maestría Avery Johnson, otra de las grandes noticias del año y que ha recibido, en su segunda temporada como entrenador en la NBA, el galardón de mejor técnico de la campaña.
El excéntrico Cuban, propietario de la franquicia, ya ha conseguido que el comisionado David Stern pase, durante la entrega de premios, una de las peores noches de su vida. ¿Logrará que el American Airlines Center de Dallas celebre pronto el título? Todo dependerá de Wade, O'Neal y Riley.