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Jueves, 22 de junio de 2006
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ALAVÉS
Desio se reencuentra en 'Mendi'
Tres años después de su adiós, el ex jugador argentino regresa a Vitoria, donde se cita con un pasado inolvidable y el de un Alavés que fue glorioso
Desio se reencuentra en 'Mendi'
RECUERDOS. Hermes Aldo Desio revive desde el palco de autoridades momentos de su pasado albiazul. / BLANCA CASTILLO
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Una invitación de boda es un buen pretexto para cruzar el 'charco' desde Argentina y retrotraerse al pasado hasta vivirlo en presente. Hermes Aldo Desio, un tipo que dejó su impronta cuando se pegó, literalmente, por la camiseta del Alavés desde 1997 hasta 2003, ha disfrutado de unas cortas vacaciones en Vitoria, punto intermedio antes de asistir al casamiento de Jordi Cruyff, amigo y ex compañero albiazul, aún futbolista en activo en la liga ucraniana.

De retorno al que fue su hogar seis años, donde él y su familia se sintieron como en Corral de Bustos (Córdoba), su cuna argentina, Hermes y el resto de los 'desios' -una niña de año y medio cierra el círculo matrimonial y pone el toque femenino tras dos varones con genes vitorianos- pasean por la calle Dato como uno más. Tres años después de su adiós, todo sigue igual para ellos: las amistades, la ciudad, el fútbol... Hasta el colegio de los niños. Sólo se modifican los recuerdos. Mejor dicho, «los millones de recuerdos» que se les refrescan a cada instante, se apresura a apostillar el ex centrocampista, un jugador que llegó del Salamanca con poco pelo, marchó pelado por completo y que entre medias se ganó el afecto incombustible de Mendizorroza. De legado, un ascenso a Primera, una semifinal de Copa, la final de Dortmund y una herencia más íntima al margen del juego. El alavesismo lo tiene entre sus ídolos y en respuesta él es albiazul. «Ahora soy mejor futbolista que antes. Todos se acuerdan de uno», bromea.

El mismo «cabrón», como él llega a autodefinirse, es hoy un padre de familia, un hombre de negocios, un deportista que los días impares de la semana practica el golf; los jueves, el tenis y cada sábado se va de pachanga con los amigos. Pero sólo le apasiona el balompié. Y, por supuesto, el Alavés, del que es fiel seguidor y crítico desde la distancia. «Sufro por él. Me jode cómo está», se sincera con desgarro. De la conversación, Piterman sale malparado.

«Volver»

Después de que las rodillas le dijeran 'basta' y tras dejar Vitoria con lágrimas en los ojos en julio de 2003, el sentido de su vida sigue girando en torno a un balón imaginario. Se sacó el título de entrenador en Argentina, pudo ejercer de técnico en la liga B, pero se echó atrás. «Ya sabes cuál es mi deseo. Volver al Alavés». Le llaman los chavales, la enseñanza. Tan impetuoso en el campo, tan locuaz en el diálogo, Hermes espera paciente el día de regresar a Vitoria... para siempre. «Si le digo a mi mujer, partimos sin maletas».

En el viaje que les ha traído ahora sí las han hecho y volverán con ellas la semana próxima. Un inoportuno ataque de sinusitis por efecto del cambio climatológico ha incomodado la estancia de Hermes Aldo Desio en Vitoria. Pero ha tenido tiempo suficiente para reunirse con los amigos y reencontrarse con Mendizorroza a instancias de EL CORREO. Ayer lo visitó tres años después de la última vez, cuando se despidió de un Alavés recién caído a Segunda.

No pudo bajar a ras de césped porque las puertas estaban cerradas, pero anduvo por las entrañas del estadio y lo contempló desde el palco de autoridades con el jefe de prensa albiazul, Íñigo Santamaría, de guía. «Son muchos años aquí, muchas cosas. ¿Emocionarme? Si me vienen millones de recuerdos e imágenes a la cabeza...».

Mientras sus ojos recorrían las gradas y la hierba, el graderío que le alentó y el verde en el que enterró sus rodillas rotas, Hermes rebobinó para sí. El sentimiento se lo guardó. Quizás porque sufre por un Alavés que «vive el dolor de ya no ser». «Hay que disfrutar el momento», asegura. Puede que por esto evitara la visita al museo y las imágenes de la UEFA perdida. En su salida del estadio tampoco miró hacia atrás. Volverá, seguro que volverá, para quedarse. Los deseos se cumplen.



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