Aunque Mariano Rajoy logró frenar 'in extremis' el órdago que le lanzó Josep Piqué en enero y mantener la paz, al menos en apariencia, en el PP catalán, en el partido muchos dudan de que el ex ministro vaya a seguir en el cargo tras las elecciones autonómicas anticipadas al próximo otoño y atisban su futuro cercano en algún alto despacho de la empresa privada.
Piqué amenazó con dejar el cargo después de que la dirección nacional desautorizara su tesis favorable a negociar el Estatut sobre la base del acuerdo alcanzado entre José Luis Rodríguez Zapatero y Artur Mas. Pero el líder del PP convenció al dirigente catalán de que permaneciera al frente de la nave para no provocar, según los medios consultados, una «batalla campal» por el poder en plena recta final de la tramitación del Estatut. Algunos creen que en aquella conversación Rajoy y Piqué pactaron «el calendario» de salida del partido de este último, aunque nadie duda de que será el candidato del PPC a la Generalitat en los comicios de otoño. Otra cosa es lo que haga después, que dependerá también de los resultados. «No sabemos lo que hará, aunque nos gustaría que siga ligado a Cataluña. Será el candidato y a partir de ahí seguirá en el PP catalán hasta que él quiera», dice Daniel Sirera.
Los más críticos están convencidos de que en aquella reunión con el presidente nacional se enderezó también la línea estratégica del partido, ahora férreamente opuesta al Estatuto, sin fisuras. Hoy la campaña del 'no' recibe las visitas de Rajoy y Acebes. Para explicar el 'viaje' de Piqué desde enero hasta hoy, algunos comparan su golpe en la mesa de entonces, dispuesto a dimitir, con otros hitos más recientes. Por ejemplo, su salida de tono cuando, en uno de los primeros mítines de campaña en Barcelona, llamó «hijos de puta» desde la tribuna a un grupo de alborotadores que llamaban «fascistas» a los populares en una acera cercana.