Los partidos vascos han recibido con un malestar más o menos palpable el anuncio efectuado el jueves por el portavoz de Batasuna, Arnaldo Otegi, quien desveló públicamente en una conferencia en Andoain que su grupo había remitido ya al resto de formaciones un documento con un calendario y un guión para constituir la mesa de negociación sobre el futuro político de Euskadi. Las palabras de Otegi, interpretadas como un nuevo intento de los independentistas de reivindicar su protagonismo en el proceso de paz y normalización, ha contrariado a sus interlocutores, que ya habían reaccionado con cierto disgusto ante la presentación del comité negociador que quiere sentar Batasuna a ese foro, cuya metodología está por acordar. Según diversas fuentes consultadas, los partidos atisban en gran medida tras la actitud pública de Batasuna una voluntad de contentar a sus bases y restan valor a la iniciativa que les ha hecho llegar.
El PSE confirmó que ha recibido el documento, también en poder del tripartito. Los socialistas, que tienen intención de reunirse oficialmente con la formación abertzale una vez que el presidente Zapatero comparezca en el Congreso para abrir el diálogo con ETA, despacharon la cuestión asegurando que se trata de «unas notas» que no piensan «ni considerar» en tanto en cuanto Batasuna no dé los pasos necesarios para intentar regresar a la legalidad política. Todos los medios consultados relativizan la importancia del texto, que en algunos casos ocupa un folio con un posible guión para los trabajos de la mesa «bastante genérico» y sin un calendario «propiamente dicho».
Mientras el PSE insiste en que, haga lo que haga la izquierda abertzale, es Zapatero quien lidera y «controla los tiempos» de todo el proceso, el tripartito atribuye los anuncios de Batasuna a una necesidad de exhibir «protagonismo» sobre todo hacia su propia militancia, que no percibe réditos en el camino abierto por el alto el fuego permanente de ETA; a sabiendas, inciden, de que la mesa sólo podrá impulsarse con un acuerdo previo de sus integrantes sobre su metodología. El descontento hacia los independentistas es especialmente visible en el seno del PNV, que recordó, a través del departamento de Prensa del EBB, que lleva «20 meses reuniéndose de forma periódica y discreta» con Batasuna sin que haya sido «capaz de ofrecer» en ese tiempo «un solo folio con contenidos serios».
«Fuegos de artificio»
Los medios jeltzales dejaron sentado que los contactos se mantendrán, al menos por su parte, en la esfera de la privacidad mientras «no se llegue a un acuerdo entre todos los partidos sobre metodología, procedimientos y calendario». Lo que diga en el ínterin Batasuna, advirtieron, carecerá de «valor real», a no ser que se trate de «mensajes de consumo interno dirigidos a su propia militancia». Fuentes de EA tildaron los anuncios de Otegi y los suyos como «fuegos de artificio», que no alteran la convicción de que el foro multipartito no podrá ponerse en marcha hasta bien entrado el otoño.
Este malestar hacia el comportamiento de Batasuna se complementa con una inquietud que empieza a aflorar en círculos del tripartito por la renovada relevancia pública que ha adquirido Otegi, promotor junto a Jesús Eguiguren de los contactos secretos que reconstruyeron los puentes rotos entre la izquierda abertzale y los socialistas, pero al que se consideraba 'quemado' como negociador de primera fila tras el fiasco de Lizarra. En los largos meses previos al alto el fuego de ETA, Pernando Barrena se fue aupando como interlocutor de referencia en las conversaciones que iba tejiendo Batasuna con el resto de partidos.
Fuentes conocedoras de esas conversaciones creen que el protagonismo creciente de Otegi puede resultar contraproducente conforme avance el proceso de paz y le atribuyen un talante menos dúctil que a otros líderes abertzales como Rafa Díez o el propio Barrena. Los socialistas siguen considerando al portavoz de Batasuna imprescindible dentro de su propio mundo.