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Martes, 6 de junio de 2006
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SOCIEDAD
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El epicentro de la gripe aviar
Las autoridades sanitarias vigilan con temor un poblado indonesio donde seis miembros de una misma familia murieron contagiados
El epicentro de la gripe aviar
Un indonesio abraza a su hijo tras perder a otros dos por la gripe. / AP
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Paradojas del destino, lo único que queda con vida en la casa de los Borugintin es un 'murrai batu' enjaulado, un pájaro tropical que abunda en las junglas de Indonesia y que pudo haberles llevado el germen de su destrucción.

En el mayor contagio colectivo detectado hasta ahora, ocho miembros de esta familia se infectaron entre finales de abril y principios de mayo de la gripe aviar. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha confirmado que el letal virus H5N1 se cobró la vida de al menos seis de ellos. Aunque el entierro sin tomar muestras de una séptima víctima impide conocer las causas exactas de su defunción, todas las sospechas indican que sería otro caso más de gripe aviar. De este modo, sólo uno de los Borugintin afectado se habría salvado de una irremediable cadena de fallecimientos que ha provocado la alarma de la comunidad médica internacional.

Al no hallarse aves enfermas en el entorno familiar, los científicos temen que sea el primer y más claro ejemplo de transmisión entre humanos de la gripe aviar. Tal posibilidad ha hecho saltar todas las alertas, pues supondría que el virus H5N1 ha mutado ya hasta una nueva forma que pasaría de una persona a otra y daría lugar a una pandemia con millones de muertos.

Ante tal posibilidad, la OMS ha puesto en cuarentena a medio centenar de parientes y amigos de los fallecidos y vigila las 400 casas del pueblo donde vivían, Kubu Simbelang, una mísera aldea situada al norte de la isla de Sumatra. A la entrada del pueblo, donde un grupo de jóvenes juegan despreocupadamente al fútbol al lado de varios bueyes que pastan, se alzan las tres casas de los Borugintin, sencillas viviendas de madera cerradas a cal y canto.

«Ya no queda nadie ahí; los supervivientes se han marchado», explica Ngumbang Ginting, tío de una de las fallecidas, que por su estrecho contacto con ella debe tomar cada noche una dosis de Tamiflu para evitar el desarrollo de la enfermedad. «Aunque me da dolor de cabeza, no me importa, con tal de no acabar como ellos», apostilla Ngumbang, estremeciéndose al pensar lo rápido que perecieron sus parientes.

Una bomba de relojería

La primera en enfermar fue Puji Borugintin, separada y madre de tres hijos a sus 37 años, que vendía naranjas en el cercano mercado de Tigapanah. En este insalubre y caótico enjambre de puestos ambulantes donde se venden gallinas, patos y gansos vivos pudo haber contraído la gripe aviar. También pudo haber adquirido el virus H5N1 a partir de los pollos que, como todos sus vecinos, criaba en su propia casa, y que enfermaron varios días antes de su fallecimiento.

El terremoto de la isla de Java ha eclipsado, al menos momentáneamente, la preocupante propagación de la gripe aviar por Indonesia, donde han muerto ya 37 personas infectadas por el letal virus H5N1. De ellas, 26 han fallecido en lo que va de año. La enfermedad se cobró una vida cada dos días y medio el pasado mes de mayo, lo que ha hecho saltar todas las alarmas de la comunidad médica internacional. No en vano, las autoridades sanitarias de Indonesia han demostrado una clara ineficacia para controlar la extensión de la epidemia, que ha aparecido ya en 27 de las 33 provincias que componen este gigantesco archipiélago de 18.000 islas y 240 millones de habitantes.

Con más de 1.200 millones de aves censadas, las antiguas Indias orientales holandesas constituyen una bomba de relojería, ya que gallinas, patos y gansos corretean a sus anchas por los patios traseros de las casas indonesias. Incluso es normal ver a las aves sueltas en los suburbios de Yakarta, una metrópolis de casi nueve millones de habitantes.



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