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Lunes, 5 de junio de 2006
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La limpieza de sangre del montero
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Al crear la orden de los Monteros, el conde Sancho García buscaba guardianes de su máxima confianza. Por eso confeccionó unas normas de ingreso al cuerpo estrictas y excluyentes.

Sólo podían ser monteros los naturales de Espinosa con la consideración de «hidalgos de solar conocido de padre y abuelo». Además, debían acreditar ser «personas honradas, hijosdalgo que han vivido (...) como tales». Quedaba excluído quien sirviese en «oficios viles» o manuales como carpintero o campesino.

«Debían guardar fidelidad absoluta al monarca», recuerda el nieto de Leonardo Sainz de Baranda, «el último montero que despidió a don Alfonso XIII antes de su exilio». Alfonso Sainz de Baranda asegura que hasta su abuela fue investigada antes de casarse. «Analizaron su árbol genealógico para garantizar la limpieza de sangre, que no tenía ascendencia judía, árabe o cosas así», asevera. Alfonso conservaba los trajes militares de su abuelo, que ha donado al nuevo museo de la compañía.

Ser montero también exigía residir en Espinosa, aunque eso obligase a desplazarse a Madrid para realizar cada servicio. Manuel del Castillo es cónsul honorario de Chile en Asturias y fundador de la Asociación de Amigos y descendientes de los Monteros. Su bisabuelo, Justo del Castillo y Quintana, era miembro del cuerpo.

Del Castillo reconoce que hoy han cambiado mucho las cosas y que ya no se exige ser natural de Espinosa para ingresar en el cuerpo. «Eso sí, se mantiene a rajatabla la obligación de guardar fidelidad al Rey».



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