Lo quería de veras? ¿Desearía La Chipionera un entierro así? Era una estrella. Se fue a otra gloria Rocío Jurado; se fue a esa otra Gloria sin focos, que ninguna cámara ha podido registrar hasta ahora con imágenes en exclusiva. Murió la gran Jurado el mismo día en que Marilyn Monroe cumpliría 80 años. No es fácil imaginar cómo sería hoy una Marilyn octogenaria, rendida a los homenajes y retrospectivas, como leyenda viva de un tiempo sepultado que ya sólo el cine es capaz de rescatar del olvido. Su muerte amarga fue un duelo colectivo de película. Son ambas dos en su medida mitos populares que cuando se mueren acostumbra a decirse que «se van, pero se quedan». Dejan huella tangible de su paso.
Se apagó hace poco la voz de la reina del rai argelina. Su despedida fue una conmoción de multitudes que traspasó fronteras que las canciones y la música logran derribar. Dicen que cuando los Beatles eran uno en conjunto se juraron que si uno de ellos moría el primero, enviaría a los demás un mensaje desde el más allá. Según afirma Paul McCartney, John Lennon nunca ha intentado hasta el momento mandarle una señal. En una emisión televisiva difundida el pasado abril en Estados Unidos, un equipo de médiums intentó ponerse en contacto con el espíritu del beatle asesinado por un fan a las puertas del edificio Dakota. En esa sesión espiritista mediática los médiums pretendían 'capturar' su presencia mediante cámaras de infrarrojos.
Tres años antes, gracias a esos mismos médiums que invocaban a Lennon, la mundialmente llorada Lady Di hizo saber que se divertía en el otro mundo, donde gozaba además de la diaria compañía de la Madre Teresa. Esta vez, la viuda Yoko Ono afirmó en revancha haber visto el fantasma de su marido ante el piano y tachó la idea de la sesión de espiritismo televisado de «muy mal gusto». A la televisión se le pierden velas en los entierros sonados. Las que alumbran el respeto, la dignidad debida en el último adiós. Con primeros planos de la pena y el llanto en riguroso directo se recurre a expertos para leer en los labios de Ortega Cano y Rociíto y transcribir en la pantalla sus palabras entrecortadas y las de aliento musitadas en los pésames íntimos. Más allá de la raya.