El Correo Digital
Sábado, 3 de junio de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
El imam oculto
El origen de las diferencias entre chiíes y suníes es muy, muy viejo, se remonta a junio del 632, tras la muerte de Muhammad ibn Abdallah, para nosotros Mahoma. Resulta que Mahoma murió sin haber designado un sucesor. Entonces unos, los chiíes, se declararon partidarios de Alí, primo y yerno de Mahoma. Otros, los suníes, propusieron a Abú Bakr, que actuaba como califa desde la enfermedad del Profeta. Al principio ese enfrentamiento fue sólo político, pero el asesinato de Alí por un suní en la mezquita de Kufa (actual Irak), y la relación de los chiíes con comunidades cristianas y zoroastristas provocaron la ruptura religiosa definitiva. Suníes y chiíes coinciden en los tres elementos fundamentales de la religión islámica: la Unidad de Dios (Tawhid), la Profecía (Nubuwa), la Resurrección (Maad). Sin embargo los chiíes, además y entre otras cosas, creen en la autonomía del individuo frente a la justicia divina (Adl), la teoría del imam oculto (Imama), es decir, el retorno del duodécimo imam que regresará al final de los tiempos para establecer justicia, la intención (Niyya) y que cualquier rito debe ser hecho por amor de Dios y no por apariencia o esperando una recompensa en el paraíso. En cuanto a lo que a nosotros nos importa, los suníes creen en una comunidad mundial de creyentes, (Al-Qaida defiende también esta idea), mientras que los chiíes creen en una yihad defensiva, de protección de sus tierras, por lo que su lucha se limita a su territorio. Para entendernos, las diferencias entre chíies y suníes son equivalentes a los enfrentamientos y las guerras entre católicos y protestantes tras la Reforma de Lutero.



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