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Jueves, 1 de junio de 2006
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OPINIÓN/Son una banda
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Irán rechaza dialogar directamente con Estados Unidos sobre sus planes nucleares. Lo que no esta muy lejos del propósito de cualquiera de nosotros que aspirara a un crédito hipotecario fuera de su banco. Elige a Europa como interlocutor, pero bien podría pensar en Gambia o Guinea Bissau. A quien hay que convencer es a Washington, que es el encargado de persuadir al mundo de las verdaderas intenciones del régimen persa y de sus ambiciones armamentísticas. A estas alturas, todos parecen coincidir en la inconveniencia de que un régimen fundamentalista, con la ambición de situar el Corán en la cabecera de la cama de Bush, disponga de la bomba atómica. Y no tanto por la posesión de este bien preciado -llamémoslo así- y tan pródigamente dispensado a India, Israel, Pakistán o Francia, por un poner, sino porque en una de sus ocurrencias el peligro nuclear sea utilizado por los ayatolás en su cruzada contra Occidente. Y ahí sí que la hubiéramos cagado, sin perdón. Pero tan terrible es la sospecha como las conclusiones a las que se pueda llegar con tan inconcretos indicios. El propio presidente de la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA), Mohamed al-Baradei, está convencido de que resulta prematuro pensar en peligro alguno, porque nadie, hasta el momento, ha podido demostrar que régimen de Teherán perseguía el fin atómico como arma real de disuasión contra sus adversarios ideológicos.

El riesgo de la política de indicios, a lo mejor en otras circunstancias no hubiese resultado tan evidente. Pero la decisión de la guerra de Irak sobre un artilugio imaginario de mentiras sobre peligros imaginarios, nos ha vuelto extremadamente suspicaces. Incluso las formas, a pesar de los resultados catastróficos de la guerra, resultan poco convincentes. Bush y Blair no han reconocido nunca el trágico error de la invasión, sino lamentado que sus soldados hiciesen el bestia en Abú Ghraib, el mismo día que se daba a conocer que soldados norteamericanos habían matado a veinticinco civiles desarmados en Haditha. Flaca memoria. También el Pentágono justificaba ayer que sus soldados dispararan contra una muchedumbre afgana encolerizada, «en defensa propia». Es lo malo que tienen los militares, que carecen de instrucción policial, algo parecido a lo que sucede con los agentes iraquíes, quienes también carecen de instrucción policial. En el imaginario de las sospechas todo se puede suponer, hasta que una mujer embarazada y su prima fueran acribilladas ayer por soldados estadounidenses cuando se dirigían a una maternidad en Samarra, ciudad mayoritariamente suní 95 kilómetros al norte de Bagdad. ¿Quién sabe lo que encierra el vientre de una mujer!

Europa, como el Ebro, guarda silencio al pasar por el Pilar, asiste muda a los espejismos de Bush, reclama soluciones diplomáticas y exige multilateralismo, mientras ata el burro donde manda el amo. Los civilizados convenimos civilizadamente que la guerra fue un error, pero aceptamos que nadie pague por ello. Lo que, a fin de cuentas, pone nuestra interlocución también bajo sospecha. El actual Gobierno de Estados Unidos encabezado por George W. Bush es «una de banda de renegados de extrema derecha», nos sugiere el ex vicepresidente de ese país Al Gore, quien renuncia a su nominación «asqueado» de la política.



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