El modelo español de ayuda a las personas dependientes, que se basa en la familia como núcleo de apoyo primordial, está al borde del agotamiento por el cambio producido en los hogares y porque es desatendido por los poderes públicos. No es sólo que España sea el país de la UE que dedica menos recursos a prestaciones sociales a la familia, sino que en lo referido al cuidado de los ancianos asigna de manera injusta e ineficaz esos recursos. El resultado, según el informe anual de la Fundación Encuentro ('España 2006. Una interpretación de su realidad social'), es que la presión que en este momento soportan las familias «puede generar efectos perversos a muy corto plazo y claudicaciones no deseadas por ninguno de los afectados en la atención a la dependencia».