Toda acción que ayude a lograr el final de ETA debe ser bien recibida. Para lograr este objetivo ha habido muchas personas que han arriesgado su vida por defender sus principios y combatir la intolerancia. Cientos de ellos la han perdido por hacerlo. Otros han denunciado el terrorismo en los medios de comunicación, en su fábrica, desde el sindicato, el partido político o cualquier otra actividad en la que era difícil romper el ominoso silencio que ETA ha pretendido siempre. Ha habido gente fiel a sus principios que desde la judicatura, las fuerzas de seguridad del Estado, las administraciones o cualquier otra área de actividad han defendido a quienes eran acosados por el terrorismo. Recuerdo a quienes eran insultados y agredidos en las concentraciones por la liberación de Ortega Lara, Delclaux, Zamora o Alda- ya. Todos ellos contribuyeron a devaluar el acoso terrorista.
Ahora un grupode mujeres del cine y el teatro se han incorporado a los luchadores por la libertad. Lo han hecho tarde. Estuvieron calladas durante los largos años de crímenes. Que tampoco ahora han condenado a ETA, que son unas millonarias aburridas, puede ser cierto, pero su iniciativa ha sido valiente y comprometida: han entregado rosas blancas a los diputados del Congreso. Nadie, hasta ahora, había dado tanto por la libertad...