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Miércoles, 24 de mayo de 2006
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CULTURA
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OPINIÓN/Escenarios
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Lima, París, Londres, Madrid Son los escenarios vitales de Vargas Llosa, el fundamento existencial de sus narraciones autobiográficas. Obviamente, el escenario inicial de Vargas Llosa es Miraflores, el barrio limeño de los jóvenes blanquiñosos en oposición a un Perú multirracial de cholos, chinos-cholos, zambos y negros. Es el Miraflores opulento de los años 50, de la alternancia entre el General Odria y Manuel Prado, de la dolarización y de esa feliz cultura del 'country club' que pintó Bryce Echenique.

Un Perú ensimismado, prerrevolucionario y siempre medio golpista, con una Universidad de San Marcos que exportó inquietud al París de Marcusse y Camus, donde Vargas Llosa habitó su segundo escenario de ilusión marxista, lo mismo que Cortázar y Julio Ramón Ribeyro. Un París de debate utópico y 'bon vivant' en 'Chez Lipp' o 'La Hune', que luego tuvo su continuación más hedonista y psicodélica en el 'swingin London' de los años 70, el tercer escenario de una biografía con progresivo cosmopolitismo, en el que también recaló Guillermo Cabrera Infante.

Londres fue la liberación, la sensibilidad y la escritura en el Museo Británico, lo mismo que Madrid fue después la vuelta a un escenario hispano o la vuelta a una nostalgia peruana que terminó con la frustración de un candidato ultraliberal derrotado por un chino felón. Perdió la política, se jodió el Perú y ganó la literatura, precisamente porque los escenarios vividos dieron vida y recuerdos imperecederos por igual a una escritura memorable y a un escribidor formidable.



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