La duodécima edición de la Feria del Libro Antiguo y Viejo de Vitoria abrirá sus puestos en la Plaza de Correos el próximo sábado a las once de la mañana. Durante quince días, hasta el domingo 11 de junio, alaveses y visitantes podrán contemplar volúmenes centenarios en una de las dos únicas muestras -Madrid es la otra- que dedican un hueco en el calendario exclusivamente para este tipo de libros, sin mezclas con segunda mano o saldos.
Doce expositores, uno menos que hace un año, han confirmado su presencia en el céntrico espacio vitoriano. Además de libreros alaveses llegan vizcaínos, guipuzcoanos, navarros, madrileños y valencianos. En los puestos convivirán volúmenes viejos -veinticinco años de antigüedad, al menos, que no han sido reeditados- y antiguos, aquellos que han cumplido el siglo. En 2005 pasaron por la feria entre 20.000 y 30.000 personas.
La duodécima edición cuenta con una ayuda municipal de 6.000 euros que justificó ayer el director de Cultura, Enrike Ruiz de Gordoa, muy satisfecho con la pervivencia de la iniciativa que capitanea el librero vitoriano Txema Sandoval. «Queremos que la lectura -subrayó Ruiz de Gordoa- sea una constante en la vida de la gente y esta feria ya se ha convertido en una referencia porque los libros salen a la calle tratando de atrapar a los ciudadanos».
El director de Cultura del Ayuntamiento recordó que «cumplir años en el mundo de la cultura es muy importante». En este sentido aludió a la docena de esta feria literaria y las tres décadas celebradas ya por el jazz y el teatro.
Bajo índice de lectura
Sandoval, promotor de la muestra, fue muy crítico con los alaveses por su bajo índice de lectura, dato que contrasta con el elevado número de adquisiciones institucionales. «Los vascos somos los que más compramos y, dentro de ellos, los alaveses. Pero esto no significa que seamos los que más leemos. Un navarro lee seis veces más que un alavés».
En el mismo tono de censura por la falta de hábito literario, Sandoval consideró que «la gente que lee es cada vez menor. Cuando yo tenía veinte años, el espectro iba de los 18 a los 55. Ahora que tengo cincuenta va de los 35 a los 50 y creo que esto es terrible».
Sandoval aseguró que «todos los libreros vienen aquí con lo mejor», recomendó entrar en los puestos y negó que el libro antiguo sea caro.