El 28 de junio de 1991 el desaparecido Slobodan Milosevic dio dos órdenes que encendieron la mecha de la guerra en los Balcanes y que acabaron para siempre con la república que fundó Tito. Ese día aviones de la fuerza aérea de Yugoslavia dispararon contra un grupo de milicianos eslovenos y, poco después, los serbios se rebelaron contra el Gobierno croata.
Las dos repúblicas habían tenido la osadía de independizarse de Belgrado. Casi quince años después, la población de Montenegro se prepara para celebrar mañana un referéndum que representa la última gran batalla sobre el destino de la Gran Serbia, el sueño de los nacionalistas por el que decenas de miles de personas perdieron la vida.
Está en juego la independencia de Montenegro o su permanencia en una alianza casi ficticia con Serbia, ordenada por la Unión Europa hace tres años. El resultado es incierto, pero los montenegrinos, al menos, tienen el consuelo que Belgrado no intentará destruir con las armas el resultado de la consulta como ocurrió en Croacia y en Bosnia Herzegovina.
Reglas de la UE
Aunque las evidencias indican que se van a imponer los partidarios de la independencia, las reglas impuestas por la oficina de Javier Solana pueden ahondar las diferencias entre los partidarios de la secesión y los que luchan por seguir con Serbia.
El 50% de los montenegrinos con derecho a voto deben acudir a las urnas para que el referéndum sea válido y los partidarios de la independencia necesitan un 55% de los sufragios emitidos para que la segregación sea bendecida por Bruselas.
¿Quién ganará? ¿Los secesionistas, encabezados por el actual primer ministro, Milo Djukanovic, o los partidarios de seguir con la alianza liderados por Pedrag Bulatovic? Las últimas encuestas revelan que una frágil mayoría de montenegrinos votará a favor de la independencia, pero posiblemente sus votos no superarán el límite marcado por la UE.
En un debate reciente, Bulatovic prometió que reconocería el resultado si no se producían irregularidades. «En ese caso, nos estrecharemos las manos y les felicitaré por su victoria, porque sólo esa conducta puede acabar con las divisiones internas», dijo.
Pero durante un mitin celebrado el miércoles en Podgorica, Bulatovic responsabilizó al primer ministro de estar fomentando la histeria antiserbia, mientras miles se seguidores gritaban a todo pulmón: «No está en juego Montenegro, está en juego el futuro de la Gran Serbia».
«Este referéndum no representa el ser o no ser para Montenegro», replicó Djukanovic. «A pesar de las tradiciones guerreras, no espero problemas. Hemos aprendido de nuestra historia», señaló el primer ministro, quien acusó a Serbia de interferir en la campaña.