El Correo Digital
Sábado, 20 de mayo de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
Sanidad deteriorada
Los sindicatos más representativos de la Sanidad convocaron para el día de ayer una huelga cuyo seguimiento resultó, como es costumbre en el sector, un éxito o un fracaso según las fuentes informantes. Los representantes del 80% de la plantilla mantienen, además, una convocatoria similar para los próximos días 22, 26 y 29 de este mismo mes. Se trata de unos hechos que, con independencia del baile de cifras, indican un ambiente de descontento entre el personal sanitario y delatan, en consecuencia, el deterioro de un servicio cuya eficacia depende en gran medida de la disposición anímica de quienes lo prestan.

El problema viene de lejos. Pese a los intentos de los responsables políticos de ningunear a los sindicatos representativos firmando convenios con los que apenas tienen representación en el sector, el malestar del personal no ha disminuido, sino que ha ido acumulándose hasta desembocar en el actual enfrentamiento. Las quejas sindicales no son, además, infundadas. Las propias autoridades sanitarias, que hace algunos años ponían como referente de nuestra Sanidad a los países más desarrollados de nuestro entorno, se dan hoy por satisfechas con poder compararla con la media de las comunidades autónomas españolas. Se enorgullecen, así, de que nuestro gasto sanitario per cápita figure a la cabeza de estas últimas, pero no pueden dejar de reconocer, al mismo tiempo, que su participación en el PIB dista aún de alcanzar la media de los países europeos que nos resultan homologables en el nivel de riqueza.

El prolongado racaneo inversor, tanto en personal como en instalaciones y equipamientos, al que nuestras instituciones públicas han sometido al sector y que es el principal causante del actual deterioro resulta, por otra parte, de difícil comprensión en una situación como la nuestra de sostenido crecimiento económico y de excedentes presupuestarios, así como en una comunidad a la que su sistema concertado de financiación le ofrece unos márgenes de actuación que a las demás comunidades autónomas les están vedados. Sólo la merma de peso que el Departamento de Sanidad habría sufrido en el Consejo de Gobierno o la escasa importancia que este último concede al sector sanitario en su escala de prioridades puede explicar el detrimento que el Servicio Vasco de Salud ha sufrido ya a los ojos de su personal y podría muy pronto sufrir a los de sus usuarios en general. Que la presente oleada de huelgas sirva, al menos, de incentivo para la reflexión de los responsables del sistema.



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