Qué hacer con la prostitución? Vaya pregunta más prostituida sobre una profesión justificada por muchos por la sola razón de ser la más antigua del mundo. O sea, un oficio con currículo milenario y mundial. Yo pensaba que el oficio más antiguo del mundo era el de pastor, que en la Biblia bien se ve lo ejercía Abel. Pero no. La palma en antigüedad laboral se la llevan las trabajadoras del sexo, que en tiempos practicaron bajo la sagrada aureola del sacerdocio. Sacerdotisas de templos, vestales al servicio de fieles peregrinos.
Tres expertas pidieron en el Congreso que no se regule el trabajo de las expertas en ofrecer contactos sexuales por considerar que no es sino una forma de esclavitud, de desigualdad y de violencia de género. Una ocupación que nunca se elige en libertad y sobre la que se ciernen posiciones contrapuestas en cuanto a su legalidad y regulación. La cuestión palpitante es que aumenta la concurrencia en el sector del burdel. Afluyen millares de nuevas licenciadas en materias de índole sexual, explosión de la oferta que arrastra a los precios en una espectacular caída. Organizaciones dedican sus esfuerzos en ayudar a las prostitutas. Tal es el cometido de un proyecto pionero en un land alemán, subvencionado con fondos europeos, que retira a las mujeres de la calle encontrándoles ocupación en residencias de ancianos.
Las que accedieron han resultado ser enfermeras incomparables, atestiguan los responsables del plan de reinserción. Las mejores cuidadoras de los viejos. No tienen miedo al contacto físico. Están vacunadas contra el asco. Características que las distinguen de profesionales sanitarios. Las que ejercieron vestidas de cuero como severas gobernantas dicen haber vivido la sensación de ser enfermeras con látigo, por lo que atesoran experiencia en saber escuchar y dar sentimiento de seguridad. Cualidades óptimas en una reconversión con muy buen ojo: en Alemania, la asistencia a los mayores sufre mucha penuria en mano de obra. Lo cierto es que antiguas meretrices que cubren los puestos vacíos que nadie quiere, ganaban en su práctica anterior el doble de salario que atendiendo a vejetes, jubilados del sexo mayormente.