«Pensaba encontrarme con la ciudad de 'Taxi Driver'. Crucé la 42, y me encontré con Disneylandia». De esta manera, el artista vitoriano Iban Arroniz apunta una de las caídas de mitos personales que le supuso su experiencia neoyorquina.
Hace siete años, el pintor y dibujante se desplazó a la Gran Manzana, donde residió durante más de dos meses, así como un par de semanas más en Florida. A lo largo de este tiempo, Arroniz llevó a cabo un diario ilustrado, con dibujos y 'collages', en el que fue reflejando diferentes situaciones, lugares y personajes. Ahora, ha publicado el conjunto en forma de libro, con varias fotografías añadidas -de localizaciones- y dos textos introductorios, a cargo del artista Alejandro Garmendia y del especialista en arte y conservador del Artium Dani Castillejo.
'In No Man's Land' ('En tierra de nadie') fue realizado en ingles, un idioma que su autor ha mantenido -aunque sendos apéndices cuentan con traducciones al castellano y al euskera-, al igual que el formato. «Es un A5, con el tipo de papel más parecido al original. Borré digitalmente el texto y lo he vuelto a maquetar», explicó el creador alavés, que ha producido la edición, con el apoyo del Gobierno vasco.
«Quería mostrar una obra gráfica, cerca de 300 dibujos. Al conservar el inglés, el texto no distrae de la parte gráfica», argumentó Arroniz al presentar ayer el trabajo en el centro-museo Artium. La mayor parte de la labor gráfica fue realizada a tinta, aunque en ocasiones también empleó color, en el propio apartamento en el que residía en Nueva York. Pero también en un avión, en la playa o en otros lugares, tras haber asumido la exigencia de la producción diaria en su cuaderno.
«No quise ir de turista, sino a las entrañas de la ciudad», señaló el autor, que «más que dibujar las cosas, lo que dibujé era cuando me pasaban». El libro, con una portada del fotógrafo holandés Gert Voor In't Holt, refleja contrastes entre «fiestas 'cool'» y situaciones de apuro económico o de angustia personal por las que pasa el protagonista. Desde la distancia, Arroniz comentó que «esto fue hace cinco años, ya no soy la misma persona». Entonces, realizó el viaje «para encontrarme a mí mismo. No sé si me encontré o me perdí», indicó, a la vez que lamentó la dificultad de entrar en la sociedad neoyorquina o de hallar gente creativa en una ciudad mitificada en el campo del arte moderno.
«Valor como objeto»
En cualquier caso, Iban Arroniz explicó que «la parte del final está mucho mejor dibujada, aunque tenía menos tiempo. Tal vez al principio lo vi más como un pasatiempo y después lo tomé más en serio».
El resultado, según Daniel Castillejo -que se confesó «impresionado de cómo está realizado»- es un libro «con valor de objeto en sí mismo» en el que se ha logrado «un equilibrio entre el facsímil y el diseño de la publicación».