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Martes, 16 de mayo de 2006
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SOCIEDAD
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El sodio, en su justa medida
Este mineral es fundamental para garantizar una correcta hidratación del organismo, pero su consumo elevado puede resultar muy perjudicial
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EL EXPERTO
Dr. Javier Lavilla

Especialista de la Clínica Universitaria de Navarra

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El sodio viene incorporado habitualmente en la sal -o cloruro sódico-, de la que supone entre un 40 y un 60%. La sal puede venir incorporada a los alimentos o bien en el proceso de su elaboración, especialmente en comidas preparadas. Otra cantidad de sal llega al organismo a través de los líquidos, aunque el agua suele tener un componente de mineralización bajo. En total, contando la que viene incorporada en los alimentos, necesitamos consumir unos 3 gramos de sal al día. Con el abandono actual de la dieta mediterránea y la entrada en el consumo de alimentos preparados, su consumo ha aumentado considerablemente, lo que influye en la aparición de problemas tan importantes como la hipertensión arterial.

Tras la digestión, la sal es absorbida principalmente en el intestino delgado, de donde pasa a la circulación y se distribuye por todo el organismo. Este mineral forma parte del medio interno e interviene en la distribución de los líquidos corporales.

Parte del sodio es eliminado por el riñón, que juega un papel fundamental en su control. Mediante los glomérulos, el sodio pasa la barrera de filtración, en parte empujado por el paso de agua. Es decir, en situaciones de entrada masiva de sodio ese mineral es eliminado perfectamente por el riñón por la orina. En cambio, cuando la ingesta de sodio es escasa o al organismo le interesa retener líquido, la eliminación por la orina llega a ser muy escasa.

Retención de líquidos

La retención de sodio puede surgir como respuesta frente a un problema en el manejo de los líquidos corporales, como sucede al disminuir la volemia en el sistema vascular o a nivel corporal -deshidratación-. El cuerpo activa el sistema hormonal y comienza a retener y evitar la pérdida por orina tanto de ese mineral como de líquidos. El sodio tiene un papel importante en el control de los líquidos corporales, que se distribuyen en diferentes compartimentos -el intracelular y el extracelular-. Las células son ricas en un mineral, el potasio, mientras que el medio extracelular lo es en sodio. Éste mantiene el equilibrio entre el agua intracelular y el extracelular. Tiende a retenerla fuera de la célula y evita que sufra un proceso de edema o hinchazón que le afecte seriamente. El agua se distribuye en el espacio extracelular sobre todo dentro del sistema vascular y en el espacio intersticial.

Por todo ello, en el cuerpo humano el sodio es un mineral que es manejado de forma estrecha junto con el agua. De hecho, en la misma medida que el sodio se retiene es también retenida el agua. Se intenta así mantener el sodio en una concentración estable que no afecte a ese tránsito de líquidos entre el espacio intracelular y el extracelular. Así, una retención masiva de sodio es acompañada habitualmente de un acúmulo de agua dentro del organismo.

El nivel de sodio en sangre se mantiene de forma más o menos estable, aunque con un rango bastante más amplio que el de otros minerales. Lo normal es que tengamos entre 135 y 150 miliequivalentes por cada litro de sangre -una unidad de medida diferente de los gramos y que se refiere sobre todo a sus propiedades químicas-. Estar por debajo de esos niveles se denomina 'hiponatremia', mientras que su aumento se define como 'hipernatremia'.

Con frecuencia se relaciona la retención de líquidos con un problema en el manejo del sodio. Las personas que padecen de insuficiencia renal tienden a retenerlo y con él también los líquidos, al disminuir la capacidad para eliminarlos. Quienes presentan fallos de corazón, en especial insuficiencia cardíaca o problemas dinámicos de la musculatura cardíaca, generan problemas de perfusión renal que el riñón interpreta como falta de volumen circulatorio eficaz, y en respuesta tienden a retener sodio, independientemente de que en el organismo exista realmente ya una sobrecarga. Cuando se padecen problemas de hígado acontece algo similar: se altera el control sobre ciertas hormonas y se activan de los mecanismos que favorecen la absorción de ese mineral, con la consiguiente retención de líquidos.



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