Italia ha comenzado a acelerar por fin su salida del atasco burocrático e institucional en el que vive desde hace más de un mes, creado por la coincidencia de fechas entre las elecciones del pasado 9 y 10 de abril y la sucesión del jefe de Estado. Este último trámite, esencial porque bloqueaba hasta su resolución la formación de Gobierno, culminó ayer y el nuevo presidente de la República, Giorgio Napolitano, tendrá ante sí esta misma noche la lista de ministros que le propondrá Romano Prodi, vencedor de los comicios.
Napolitano juró ayer su cargo, pronunció su discurso inaugural ante el Parlamento y entró por primera vez en el Palacio del Quirinale, donde residirá a partir de ahora durante los siete años de su mandato en sustitución de Carlo Azeglio Ciampi. El nuevo jefe de Estado hiló en un discurso de media hora un ideario de grandes valores y dijo ser «el presidente de todos», una frase esperada porque ha sido elegido sólo con la mayoría absoluta del centro-izquierda y es mirado con reservas por parte de la derecha. Prueba de ello es la actitud de frialdad que mantuvo Silvio Berlusconi, que apenas aplaudió y no se giró ni un sólo momento durante su intervención. Luego estuvo presente en el resto de ceremonias como primer ministro en funciones, pero más bien parecía presidir un funeral. Napolitano, el primer ex comunista que llega a presidente de Italia, se movió en sus palabras en el perfil puramente institucional que se le supone, aunque denotó su procedencia en algunos pasajes sociales e históricos. Con todo, los socios más moderados del centro-derecha elogiaron su discurso.
Se esperaba la elección y toma de posesión del presidente, un proceso que ha llevado una semana, porque es quien debe nombrar al nuevo Ejecutivo. Cumplido este primer trámite, Napolitano pasará hoy mismo a solventar el segundo. Dedicará el día, desde las 10.00 a las 18.30 horas, a mantener 15 breves reuniones de consulta con los representantes de todos los grupos parlamentarios. Al final de la jornada está previsto que encargue formar Gobierno a Romano Prodi, vencedor de las elecciones al frente de La Unión, la coalición de centro-izquierda.
En este limbo político en el que se halla Italia, agravado por la victoria raspada de La Unión, Prodi ha asegurado que no perderá un minuto y presentará de inmediato, también esta misma tarde, su lista de ministros. La coalición se reunió anoche para limar las últimas diferencias, que normalmente no son pocas dado que se trata de once partidos. Caso ejemplar es el de la cartera de Defensa, reclamada por el democristiano Clemente Mastella, pero también por la radical Emma Bonino. Además queda por resolver el rifirrafe del puesto de viceprimer ministro, que es significativo de cómo se negocia a estas horas: no se sabe si serán uno, dos o ninguno, porque no depende de su necesidad real, sino que se usan a discreción en el reparto de poltronas.