El perfil del Giro es engañoso. Ya se quejó Petacchi cuando presentaron la carrera. Ayer era un día para el sprint. Y lo hubo. Aunque no como se esperaba. La novena etapa, corta y con sólo un puerto de tercera, era en realidad una trampa llena de repechos. Por eso McEwen, el gran favorito, llegó fundido a la recta final de la meta, en Termoli. Le había timado el perfil. Fue un día para el engaño. De hecho, en el que levantó los brazos bajo la pancarta, Bettini, no ganó la etapa. Se precipitó. Le engañó la vista y la ambición. Por media rueda se le había adelantado un lituano de 186 centímetros de altura, Tomas Vaitkus, el vencedor de otra etapa que nunca fue lo que parecía.
Vaitkus justificó de sobra la presencia del equipo Ag2R en el Giro. Nacido en Lituania hace 24 años, se formó en Italia, en la escuela de Colnago, como Popovych. Antes, en su país, había sido campeón del mundo juvenil de pista y oro en el Mundial sub'23 contrarreloj de 2002. Un chico fuerte. Y el de ayer no era un sprint para la velocidad, sino para la potencia.
La jornada más corta de este Giro fue exigente. Krivtsov (Ag2R) y Monnerais (Française) rompieron la carrera casi desde la salida. Detrás, las escaramuzas fueron la tónica. Quique Gutiérrez pasó el primero por el alto de Guglionesi. El ciclista del Phonak está en un estado de forma impresionante y sigue segundo tras Basso en la general. Pero no era ayer la etapa para derrochar energías.
En los últimos kilómetros, Juanma Garate se sacrificó en favor de Bettini. Tiró del pelotón para evitar la escapadas. Bettini tenía esta meta en su agenda. Y ordenó endurecer el tramo final para ahogar a McEwen, el hombre más veloz de la carrera.
Los mil metros finales no eran tan duros y el australiano trató de colocarse, pero llegó tarde. Ahogado. Todo parecía hecho para Bettini, que llegó a levantar los brazos. Erró. Celebró la victoria del lituano Vaitkus. A él no le engañó.