Que el eco del Festival de Jazz de Vitoria ha traspasado fronteras constituye una realidad incontestable. Como lo es, también, que este certamen -en puertas de celebrar ya su trigésima edición- ha logrado hacerse un hueco propio en el circuito de citas internacionales de su género. Lo que se desconocía hasta ahora eran su efecto crematístico sobre la ciudad. Un estudio elaborado por la empresa Append, y al que ha tenido acceso EL CORREO, despeja esta incógnita y revela que por cada euro público que se invierte en el acontecimiento musical del año, éste genera nada menos que dieciocho.